¿Y qué dice el Evangelio?
Ahora resulta que todos presumen de
"nueva evangelización", incluso los que siguen atrincherados en Trento
o en Abraham. El caso es figurar, aunque sea con los viejos cacharros y los
preciosismos ornamentales.
Pululan hoy católicos expertos en apropiarse no
solo del Evangelio, sino de la Iglesia, del Papa y de la mismísima Divinidad. Egocentrismo
muy habitual y extendido en todas las religiones.
De ahí las abominables "guerras de religión",
las "capillitas
de élite", los "dueños de la verdad", los "corralitos
de apariencias", los "propietarios de Dios"… Además de
los "milagreros
de turno" y los "exorcistas de inexistentes demonios".
Todos luchando contra todos por el pedestal de "pluscuamperfectos" y "pueblo
escogido".
Es la guerra de Dios contra Dios, como en la
película "Kramer contra Kramer".
¡Qué disparate! Quizás nuestra autoritaria Iglesia debiera mirarse el ombligo…
Aunque ahora ha renacido con fuerza la "Fraternidad" de Francisco que es un
rayo de esperanza. Y que, según algunos, será flor de un Papado fugaz por
ausencia de una mantenida "transformación" de la cúpula.
Este pobre predicador de secano -sin agrupar y libre como la luz- intuye que la "transformación" es el camino nuevo y viejo del Evangelio. Lo que no significa vivir como "in illo témpore", sino hacer el "camino de humanización" propuesto por Jesús de Nazaret.
Lo esencial y actual del Evangelio -me parece- es conseguir una vida
auténticamente humana: "He venido para que tengan vida y la tengan
abundante" (Jn 10,10), cuya semilla es ese "reino de Dios" que todos llevamos dentro y no es propiedad de una religión o casta. Aunque necios maestros
insistan en su "sacralización"
y hayan deducido recetas mágicas, expiaciones absolutorias, sacramentos
milagrosos, etc. Creo que todo es más sencillo y racional.
Nuestra especie es una raza híbrida, medio animal y medio
humana, una especie de centauro -el Creador sabrá por qué-. Cuando históricamente ha
prevalecido la parte animal todo ha sido violencia, errores, desgracias,
sometimientos, etc.
Cuando ha dominado la parte
humana, con su inteligencia y su voluntad, la humanidad ha progresado con
avances y retrocesos, porque somos muy limitados y nos deslizamos con facilidad
hacia la parte animal, tanto individual como socialmente.
Permitidme meter las manos en
harina durante unos minutos, aunque me salga un pan como unas tortas.
"La vida es
transformación o no es vida". De ahí la frase evangélica: "Si el grano de trigo no
cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, produce mucho
fruto" (Jn 12,24).
El dolorismo[1] (perdurable todavía hoy y originado en la
antigua interpretación de la cruz como expiación necesaria) ha entendido ese
versículo como llamada al sacrificio, a la renuncia, a la necesaria muerte del
cristiano. No tenéis más que analizar la cuaresma católica y la llamada "santa" semana con sus
exhibicionismos de sangre.
Otros han leído en ese versículo un anuncio de la
pasión. Unos y otros se han enredado en el verbo "morir" y han ignorado la llamada a la "transformación" y la "vida".
Una semilla inerte sirve para muy poco. Algunas, si acaso, para ser deglutidas. Solo cuando puede germinar y
sacar su "potencial
de crecimiento" se puede decir que vive, crece, se multiplica y
consigue la finalidad de su esencia. Lo mismo ocurre en el ser humano.
Para mí es evidente que ese texto llama a la vida, NO al enterramiento y la muerte. Solo transformándose día a
día -como el grano en el surco- puede el hombre crecer y dar el fruto que está
llamado a dar. Sin comparaciones y egoísmos ideológicos, sin pretender lanzar a
mi Dios contra el Dios del otro.
Para avanzar hay que dar
continuos pasos, dejando que muera el anterior, sin apego a los pasos ya dados,
sin retroceder. Solo así se puede hacer un camino, especialmente el camino de la maduración humana. Solo
así, en continuada transformación, se puede llegar a ser lo que cada uno es de
fondo.
La ascética cristiana -la puesta en orden de la persona- no hay que entenderla
como un cortejo de muerte o un yunque de dolores, sino como una sucesión de
partos. Algunos más
dolorosos que otros, pero todos felices alumbramientos de vida.
La vida pugna por brotar desde nuestras entrañas preñadas
de Dios, aunque algunos
no lo sepan, no lo sientan o no se hayan parado a escuchar ese gozoso latido
interior. ¡Pobres! Vivirán su gravidez como un peso insoportable, como una
búsqueda insatisfecha, como una duda acongojada…
El Evangelio es el impulso para la transformación, puesto que la plenitud humana
termina en Dios mismo: "Sed perfectos como
vuestro Padre celestial es perfecto" (Mt 5,48). "Nos hiciste, Señor, para ser tuyos y nuestro corazón está inquieto
hasta que descanse en Ti" (San Agustín).
Quienes han convertido el Cristianismo en
rígido inmovilismo, o en seguimiento ciego de otros hombres (lo llaman fe), o en ritos,
rutinas, cumplimientos externos, solemnidades sin consecuencias y monumentos turísticos,
tendrán que dar larga cuenta de su engañosa dominancia. "¡Fariseo ciego, limpia primero el vaso y el plato por dentro, para
que también por fuera queden limpios!" (Mt 23,26).
Quienes han convertido el Evangelio en una llamada a la
muerte (dicen que a
imitación del Crucificado, olvidando que fue el "inmovilismo de la religión" quien lo asesinó) en vez de una
llamada a la vida habrán caído en el más terrible
de los engaños: la corrupción de la Palabra de Dios.
El mensaje es todo lo contrario, es una llamada a la vida "humana", a la corriente vital que nos inunda desde el fondo. "Mediante el testimonio admirable de tus santos
fecundas sin cesar a tu Iglesia con vitalidad siempre nueva"
(Prefacio II de los santos).
Quienes se han instalado en una religión de
petición, en un anestésico de la conciencia, en una dejación de la responsabilidad
personal, en el perchero para colgar nuestros problemas, en el opio del pueblo,
han olvidado que la gestión de la vida y del mundo es cosa nuestra y que el
Creador ya nos ha volcado todos sus dones: "Multiplicaos, llenad la tierra y dominadla" (Gen
9,7).
No
se puede tener engañada a la buena gente. Habría que repetir sin miedo: "La
petición sin adhesión no sirve para nada". Lo que calienta no es pedir sol, sino ponerse bajo sus rayos.
¡Por
supuesto que necesitamos apoyarnos en el Dios amante y amado para vivificarnos! Decisión de
nuestra gestión humana es estar en contacto con Él, dejarnos abrazar y mimar,
ser permeables a sus luces y colores, agarrar fuerte su mano...
Pero nuestra tarea de toda la vida es
gestionar el "proceso
de transformación", la doma de nuestra animalidad, el ejercicio
continuo para llegar a ser "humanos", la aceptación humilde de
nuestra limitación y sus consecuencias irremediables...
Se
ha hablado tanto de lo "sobrenatural", se han
construido tantas teorías, se han inventado tantos automatismos, que imaginamos
lo "sobrenatural" como el
cable del televisor por donde baja la gracia divina cuando pulsamos el mando y
despertamos a Dios para que aparezca en la pantalla y nos escuche. Lo rezamos
oficialmente: "¡Escúchanos Señor!".
Qué error, qué tremendo error...
No
hemos llegado a comprender y experimentar que lo "sobrenatural" es lo
más "natural"
del mundo, que ya está en el interior desde que nacemos: "El reino
de Dios está dentro de vosotros" (Lc 17,21).Hemos perdido la
noción de que la vida es el "proceso de transformación" en "humanos",
el desarrollo de esa semilla que nace dentro de nosotros.
Por eso el Hijo se llama a sí mismo "hijo del
Hombre" (el Modelo, el Camino de
transformación, la Verdad de nuestra
realidad, la Vida humana y feliz a
la que estamos llamados). La condición de "ser
humano" no nos la da el haber nacido de una mujer, ni siquiera el
disfrutar de inteligencia. Sino el proceso vital de transformación, la
realización concreta e individual de la "imagen y semejanza" (Gen 1,26).
Se ha hablado mucho de "conversión", que es
la rectificación continua de nuestros errores. Pero poco de crecimiento, de "transformación",
que es la finalidad de la vida: "llegar a ser tú mismo, solo tú mismo y plenamente tú
mismo".
Es decir, llegar a realizarte como el individual
hijo o hija que el Padre creó "a su imagen y semejanza" con tus dones concretos, en tu ambiente
concreto, con tu vocación concreta. Para ello hay que superar instintos,
ambiciones, complejos, falsedades, ambientes negativos y heridas.
El Evangelio está plagado de llamadas a la "transformación",
más allá de la "conversión". Citaré algunos ejemplos: Cuando el joven rico
afirma: "Todo eso
lo he cumplido desde pequeño" (Mt 19,20), está diciendo que ya está convertido. La
continuación es: "Anda, vende todo lo que tienes… después ven y sígueme" (Mt 19,21).
Cuando Pedro camina al lado de Jesús y ve
que Juan les sigue, pregunta: "¿Señor y éste qué?" (Jn 21,21). La respuesta es
similar: "Si yo
quiero que éste se quede… ¿a ti qué? Tú sígueme". La llamada y el
seguimiento siempre son personales, transformantes. Aunque después necesitemos
el apoyo de la comunidad para contagiarnos y contagiar.
Cuando Marta -convertida y entregada al
servicio del Señor- se queja: "Dile que me ayude" (Lc 10,40), la respuesta es:
"María ha
escogido la mejor parte". La impregnación, la transformación, el proceso de
desarrollo personal, es la parte esencial. Detrás vendrán inevitablemente los
frutos.
Pero
no basta con desearlo. Hay que poner los MEDIOS que nos ayuden en esa
transformación. Para mí son básicamente dos: la "oración personal" y la "formación
sicológica experiencial". Hay que sumar espiritualidad (contacto con Dios, fuente de la sabiduría) y
sicología humana (conocimiento de ti mismo, su criatura). Es imprescindible saber quiénes somos, de qué estamos hechos
y a qué estamos llamados, cuáles son nuestros buenos funcionamientos, cómo
decidir lúcida y libremente, etc. Es decir, cómo ser "humanos" equilibrados, libres y maduros, dominando al
animal que arrastramos.
En nuestra Iglesia se ha dado muchísima importancia al SABER. De hecho estamos dirigidos por "sabios y entendidos", por "doctores", por los más intelectuales.
Si queremos conseguir esa "nueva evangelización" de que
tanto se habla, habrá que priorizar el SER (muy por delante del tener, poder, saber o
servir) porque "el
camino del ser es el camino de Dios", el camino de la
realización personal, de la máxima fructificación y eficacia, de la máxima
ayuda a los demás.
Lo esencial de un árbol no son las ramas, ni
siquiera el tronco, sino las raíces vivas y profundas que generarán y
alimentarán al resto. De ahí procede también la entrega de sus frutos (nadie
puede dar lo que no lleva en sus raíces).
Solo cuando prioricemos la "transformación
personal" (en la catequesis, en la liturgia, en la oración, en
los sacramentos, en la cadena jerárquica, etc.) habremos iniciado la "nueva y vieja evangelización",
habremos encontrado el camino de la máxima eficacia personal y solidaria: "Dad
limosna de lo de dentro y lo tendréis todo limpio" (Lc
11,41).
El Evangelio es camino de
transformación, de conquista de la plenitud humana, de felicidad por la
autorrealización, que en eso consiste "la salvación" a que estamos
llamados y NO el instantáneo y supuesto milagro de la sangre del Salvador: "Os he
dicho estas cosas para que mi alegría esté dentro de vosotros y vuestra alegría
sea completa" (Jn 15,11).
El Evangelio es "un
camino que hay que caminar", un camino de continua transformación, de
gozoso descubrimiento interior, de permanente humanización. Eso es lo que
significa "venga a
nosotros tu reino" (Mt 6,10).
No viene por fuera y de arriba. Viene por dentro y de abajo,
transformando, iluminando, pacificando, movilizando y alegrando. "Pues lo
que cuenta no es circuncisión o incircuncisión, sino criatura nueva" (Gal 6,15).
¡Te deseo buen camino!
[1] Dolorismo: 1 Creencia de que el dolor voluntario es siempre bueno, camino de expiación y santificación; que procurarse dolor es imitar a Cristo que abrazó su cruz. 2 Tendencia a causarse dolor por motivos religiosos o "masoquismo religioso".
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Totalmente de acuerdo, Hermanito!! Vengan y vean, dijo Jesús... Y esa es nuestra tarea. Para provecho propio y de nuestros vecinos...
ResponderEliminarPues ni tan largo que decías Jairo. Y viene muy bien ahora que va a comenzar la Cuaresma con su procesión de "ceniza", yo ya no lo hago, es inútil y antihigiénico (no ya ahora con la pandemia sino siempre) mancharnos la cabeza para hablar de conversión, cuando lo que tenemos que hacer es lo que tu dices la transformación desde dentro. Gracias de nuevo por tu reflexión. Abrazo y seguimos.
ResponderEliminar... «Porque de dentro, del corazón, salen las intenciones malas: fornicaciones, robos, asesinatos, adulterios, avaricias, maldades, fraude, libertinaje, envidia, injuria, insolencia, insensatez. Todas estas perversidades salen de dentro y contaminan al hombre» ... (Marcos 7)
ResponderEliminarToda obra humana está expuesta al riesgo de la mala conciencia personal.
"...Todos somos pecadores y podemos caer..." (Papa Francisco)
"...el que esté sin pecado que tire la primera piedra..." (Juan 8)