Otra aberración piadosa de la tradición
Es disparatado pedir a la Misericordia
infinita que tenga misericordia.
Tenemos la osadía de dirigirnos a Dios
para decirle cómo debe actuar.
El
"siempre
se hizo así" nos lleva a una "piedad mecánica", nada
religiosa, incluso ofensiva, si es que se pudiera ofender a Dios.
Toda incoherencia (negación de la
inteligencia) es un atentado contra el Creador que te hizo "a su imagen y semejanza" con
inteligencia, voluntad y libertad. Y ése es el auténtico "pecado contra el Espíritu Santo",
negación de tu "esencia
divina". ¿Rezas para que el sol te ilumine o para que la lluvia
te moje? ¿Cómo eres tan tonto de pedir que se empape quien ya se sumergió en el
Amor infinito?
¿Entonces no podemos hacer nada por los
difuntos? ¿Ellos no nos pueden ayudar? Ni lo uno ni lo otro. ¿Qué parche
puedes añadir al Todo? He ahí otro tema erróneo e interesado de las doctrinas
que nos imponen los "guías ciegos"
(Mt 23,16).
Jesús vino a liberarnos de la "opresión religiosa"
y a darnos LUZ. Por eso los
religiosos lo mataron, porque hacía peligrar su dominación, divina según ellos.
Hoy
día la historia se repite, hasta tal punto que la "doctrina oficial" nos
sigue atando, por ejemplo, al "Error de la Redención". Niegan que la auténtica causa de la
muerte de Jesús fuese la "liberación de la opresión religiosa".
Y se inventan (por boca y cultura de los judeocristianos) que fue la "voluntad
del Padre", que necesitó a su Hijo, como víctima, para poder "perdonar
los pecados". ¡Disparate supino!
Si
se disparata en tema tan grave, cómo creerse los "cuentos sobre los muertos"… Los Jerarcas se han apropiado de la Viña y del
concepto de Iglesia. Nos han sembrado de minas el camino y nos imponen
incoherentes "ruedas
de molino". Estamos igual o peor que "in illo témpore".
Por
eso hay que volver (con toda nuestra limitación, ignorancia y fragilidad) a
Jesús de Nazaret, sumergirse en su doctrina, no tener miedo a la LIBERTAD
maravillosa de su mensaje y aprender de su LUZ con de la coherencia que mana en
nuestra esencia humana. Mantenerse atados al error no es una opción cristiana, lo predique quien lo predique.
La muerte, para los cristianos, es una
liberación, una meta, una pascua: el
paso a la tierra prometida. NO un motivo de tristeza y, menos aún, de
penitencia reparadora. ¿Acaso nuestro Dios se alimenta de ayunos, dolor y
latigazos?
Claro que hay tristeza y llanto por la
separación de los que amas. Son las
lágrimas de la sensibilidad que no quiere separarse de quien era luz y vida. A
veces esa separación es traumática o inesperada y el dolor sensible nos clava
sus garras. Pero todo eso debería estar arropado y consolado por la segura confianza
en la Misericordia del Padre que abre la puerta de la eternidad, abraza y llena
de vida a quien nosotros creímos muerto.
Los que mueren, mueren para vivir. Estamos ciertos de que pasaron definitivamente a la
orilla de la Vida, aunque ignoremos todo lo que pasa tras los barrotes de
nuestra "jaula
del tiempo y el espacio".
Los
signos deberían ser de alegría por el desembarco en los brazos del Padre. En
los símbolos litúrgicos debería dominar el blanco y no el morado penitencial
que ya no tiene sentido.
¿Os
imagináis el bálsamo en los corazones heridos cuando oyéramos cantar o tocar en la
iglesia el "Aleluya
de Händel", por ejemplo?
Ya, ya sé. Os estaréis preguntando por "los
pecados". ¿Cómo
purgarán por sus pecados? ¡Pobrecitos, qué "purgatorio" más largo les espera…!
¿Y quién te metió en la cabeza la
existencia de un "purgatorio
temporal"? ¿No hemos
quedado que ya saltaron la barrera del tiempo? ¿Cómo puedes creer en la
indulgencia de x años aplicada a tu difunto o en la Virgencita que lo saca del
fuego agarrado a un escapulario? ¡Cuánto daño han hecho a la piedad verdadera
los cuentos infantiles!
¿Y no habrán "purgado" con creces en este mundo
todos sus errores? ¿No habrán pagado
por la universal y cierta "ley de la causalidad" todos los
efectos de sus erradas decisiones? ¿Cómo puedes tú saber y juzgar los esfuerzos
por sobrevivir de éste o aquél?
¿Pero, sobre todo, en qué Dios crees? ¿No sabes que el
Dios de los Cristianos lo tiene "todo perdonado desde la eternidad"? ¿O crees todavía en el "dios terrorífico" que
mata a su hijo para poder perdonar? ¡Qué incoherente sería quien predica el "perdonar
siempre" pero después no lo practica!
Lo primero que podemos hacer por
nosotros y por nuestros difuntos es ACEPTAR su descanso en la paz. Ya entraron en la, para nosotros, inimaginable
eternidad. No puedes hacer nada más por ellos, como no puedes operarte de
apendicitis por el que entró en el quirófano o como no puedes examinarte por
tus hijos.
El único y universal remedio, lo que
realmente puedes hacer "aquí y ahora" es: "Vencer el mal con abundancia de bien"
(Rom 12,21) con el ejemplo y lecciones de
los que partieron. Te detallo las tres únicas actitudes que puedes adoptar ante tus difuntos:
1. RECTIFICAR los malos funcionamientos que
heredaste, muy sutiles a veces,
porque suelen ser subconscientes y no nos han enseñado a concientizarlos. El "ambiente
humano", en especial el familiar, tiene una influencia inmensa
en nuestra propia historia.
2. PERDONAR las posibles heridas que te causaron, hasta que no quede ni rastro de resentimiento. No
porque necesiten tu perdón, sino porque ese perdón es la medicina que necesitan
tus heridas. Y recuerda: Perdonar NO es apretar los dientes (voluntarismo) y
olvidar el dolor de tus heridas. Perdonar
es comprender y no condenar. Comprendiendo tu propia fragilidad
(conociéndote a ti mismo) entrarás en la comprensión de la limitación de los
que te hirieron. Esto es válido también para tus enemigos vivos.
3. IMITAR el buen ejemplo que te dejaron. Es la mejor forma de amar y honrar su memoria. Tiene
sentido nombrarles en la Misa para sentirnos viviendo "CON
ellos", pero NO pidiendo "POR
ellos".
"Amar es admirar y admirar nos lleva a imitar lo que
admiramos". Si admiramos
(amamos), es que esa persona nos atrae. Si nos atrae, es porque ya tenemos en
nosotros algo de eso que admiramos. La "presencia interior" de tus difuntos
(más que su recuerdo cerebral, los ritos o los rezos) estimulará eso que llevas
dentro y quiere crecer en ti.
Esa sería la finalidad de honrar a los
muertos, que no pierdas la simiente que sembraron en ti con amor. ¿Qué admiraste, qué sigues amando en tus difuntos?
Si no hay amor, solo queda sensiblería o rutina social. Para nada te servirán
el funeral, los rezos, los lutos o las velas.
Si lo que te queda es amor, es un
disparate hacer cambalaches con el Cura o con Dios. Tus difuntos no necesitan rezos ni estipendios. Ya desembarcaron
en las manos del Padre. Dedica tus dineros a los pobres vivos o a las necesidades
de la Iglesia caminante. Los que ya pasaron no lo necesitan. Si "rezar
por" es un disparate, deduce la estupidez de encargar a otros
que "recen"
y que tú les pagues.
Lo que ellos desean -con toda seguridad-
es que aproveches bien su buen ejemplo y no te arrastren sus errores, que sigas tu camino y despliegues tus dones. ¡Eso es
lo urgente, realista y espiritualmente eficaz! Lo otro, los negocios
espirituales y el "dios negociador", son pura idolatría.
Observación final importantísima:
"La muerte
no la manda Dios, ni tiene nada que ver con los accidentes trágicos".
La
muerte es la "consecuencia
de nuestra finitud" que nos conduce inexorablemente a un final
corporal.
TODO
en nuestras vidas son "causas y efectos (consecuencias)"
porque estamos sometidos a la universal "ley de la causalidad" (a tal causa
tal efecto, recoges lo que siembras).
Dios no actúa directamente, ni puede
actuar, porque nos ha creado "autónomos y libres". Y no puede contradecirse (salvo en la calenturienta imaginación de los clérigos gobernantes). ¡Qué pena!
El CÓMO y CUÁNDO morirás tampoco depende
de Dios, sino de las CAUSAS que
nosotros (o nuestros antepasados) generamos o en las que nos vemos obligados a
vivir (piensa, por ejemplo, en la esperanza de vida de un europeo frente a un africano).
El TIEMPO de vida dependerá del "orden y
cuidado" (respeto de
las "leyes
naturales") con que hayamos vivido nuestra finitud, más el "orden o
desorden de nuestros antepasados",
que se trasmite "vía
combinación genética". A lo que se suma el "ambiente humano" y el "ambiente
material" en que hemos elegido vivir o nos han obligado a vivir.
La CONSECUENCIA será una vida más corta o más larga, más sana o más frágil. Dios siempre respetará nuestras decisiones, e incluso los sometimientos que sufras. Por mucho que reces o ayunes, no moverá un dedo para alargar tu tiempo. ¡Incomprensible para mí que los de arriba no lo vean o nos engañen!
Las ENFERMEDADES tampoco tienen nada que ver
con Dios. Son creación humana. El
disparate de las "pruebas
de Dios" o de que "purifica a sus elegidos" porque les
quiere más, es una aberrante doctrina idolátrica. ¡Vaya ídolo odioso!
(Mientras escribo pienso: ¡Pero cuántas majaderías mentirosas nos han metido dentro!).
Los RIESGOS son otra causa, muy de moda,
que conduce a la muerte o a la enfermedad ("el
que ama el peligro en él fenece"). Cuando se juega con fuego,
lo probable es que te quemes.
Hoy día jugarse la vida, desafiar la muerte o querer
demostrar que eres mejor que otros haciendo el idiota, es una epidemia que
causa mucho sufrimiento, no solo al "irracional imprudente", sino a todo
su entorno.
La CAUSA general de la "muerte prematura" es el MAL. Bien el que nos hacemos a
nosotros mismos (léase lo anterior) o el que nos hacen otras personas
inhumanas.
Hemos sido creados con la capacidad de hacer el BIEN y ayudar a
otros (herencia del Creador). Pero hay "animales humanos desequilibrados"
(asesinos, terroristas, tiranos, etc.) que utilizan su libertad para cultivar
su instinto depredador, en vez de su instinto original humano que mantienen
enterrado.
Algunos preguntan: ¿Dónde está Dios para
librarnos de tanta muerte cruel y prematura? Hay que seguir respondiendo: El
mal es una "opción
humana" (negar el bien) y nada puede hacer Dios por
evitarlo.
Nos
ha dado la "libre
y autónoma administración del mundo" y no puede desdecirse. Nos
ha construido "un
paraíso" (del que no estamos expulsados), lleno de regalos para
satisfacer todas nuestras necesidades. Nuestro campo de juego son las "leyes
naturales", la bondad y fecundidad de nuestro Planeta. Ahí lo
tenemos todo. Contravenir esas leyes que producen nuestro alimento y nuestro
bienestar es autodestruirnos.
¿Y los fenómenos naturales destructivos? Pues forman parte de un mundo vivo y en evolución. La
inteligencia del hombre ha sido capaz de aprender a domar caballos y conseguir
avances maravillosos utilizando su inteligencia, voluntad y libertad (herencia
de Dios).
¿Por
qué no aplicarlo para domesticar el Planeta, conocerlo y habitarlo mejor? ¿Por
qué se dedican neciamente infinitos recursos para intentar conquistar otros
mundos, inventar artilugios de muerte, dominar a las gentes y condenar a tantos
a hambre y muerte?
Todo es CONSECUENCIA de las "opciones
humanas", NO de Dios ("ley de la causalidad").
El
escándalo, el verdadero escándalo, es que los "guías ciegos" se
empeñen en machacar que todo depende de la "voluntad de Dios" y que todo se
soluciona con la oración, es decir, con pedir y pedir su auxilio para moverle a
compasión.
¿Cómo no nos percatamos que ese "ídolo indolente" no puede ser el Dios verdadero? Si Abraham levantase la cabeza...
Es un empecinamiento escandaloso en el ERROR, la incoherencia y la negación
de la evidencia de la Historia del Mundo.
Una
"religión
irreal y contradictoria" no es religión sino "ideología fantástica y fanática",
que ahuyenta a los buscadores que piensan y a todos los que tienen ojos para ver.
Por desgracia, queda mucho de esto en nuestro dominado Catolicismo. El Sínodo actual, con su deseo de fraternidad, es una puerta abierta que todavía
no sabemos qué frutos traerá.
¿Alguien que piense un poco querrá
adherirse a ese "dios
aberrante" (el ídolo interviniente) que no nos socorre ni libra
del mal? Muchas personas, incluso
creyentes, engendran ante la muerte de un ser querido un resentimiento contra
Dios por esa falsa creencia que les han inculcado.
No nos han enseñado, ni se espera que
nos enseñen, que TODO lo que ocurre en este mundo está CAUSADO por nosotros
mismos y que Dios no interviene
directamente, sino que nos ilumina y fortalece desde dentro para que tomemos las mejores decisiones. La LIBERTAD es el
privilegio del ser humano y, a la vez, la causa de sus desgracias. Y es también
la causa de que unos hombres injustos perjudiquen a hombres justos.
El gran consuelo que tenemos los humanos es que Dios
NUNCA nos abandona y siempre rema a nuestro favor: el que no sembró puede sembrar de nuevo, el que se equivocó
puede rectificar, el que decidió ser un animal puede convertirse en humano…
Desde
dentro Dios siempre, siempre, viene en nuestra ayuda, pero las decisiones y las
manos las tenemos que poner nosotros. "Estoy a la puerta y llamo..." (Ap
3,20). "¿Se olvida una madre de su criatura, no se
compadece del hijo de sus entrañas? ¡Aunque ella se olvide, yo no te
olvidaré!" (Is 49,15).
"En la palma de mis manos te llevo tatuado" (Is 49,16). Pero respeto la libertad que te he dado. ¿No nos basta leer la "parábola del hijo pródigo"?
No puedo alargarme
más. Os dejo esta luminosa cita, desde Auschwitz, para meditar:
Etty Hillesum (1914-1943). Joven holandesa de origen judío conocía y apreciaba el Evangelio.
Sus vivencias espirituales profundas quedaron
recogidas en sus diarios. Fue deportada y murió en Auschwitz. A propósito del
sufrimiento que le circundaba, oraba y escribía:
"Corren malos tiempos, Dios mío.
Esta noche me ocurrió algo por primera vez: estaba desvelada, con los ojos
ardientes en la oscuridad, y veía imágenes del sufrimiento humano. Dios, te
prometo una cosa: no haré que mis preocupaciones por el futuro pesen como un
lastre en el día de hoy, aunque para eso se necesite cierta práctica…
Te ayudaré, Dios mío,
para que no me abandones, pero no puedo asegurarte nada por anticipado. Sólo
una cosa es para mí cada vez más evidente: que
tú no puedes ayudarnos, que debemos ayudarte a ti, y así nos ayudaremos a
nosotros mismos. Es lo único que tiene importancia en estos tiempos, Dios:
salvar un fragmento de ti en nosotros.
Tal vez así podamos hacer algo por
resucitarte en los corazones desolados de la gente. Sí, mi Señor, parece ser que tú tampoco puedes cambiar
mucho las circunstancias; al fin y al cabo, pertenecen a esta vida…Y con
cada latido del corazón tengo más claro que tú no nos puedes ayudar, sino que debemos ayudarte nosotros a ti y
que tenemos que defender hasta el final el lugar que ocupas en nuestro
interior…".
"El que tenga oídos
para oír que oiga"
(Mt 13,9)
"Porque se ha
embotado el corazón de este pueblo, han hecho duros sus oídos, y sus ojos han
cerrado. ¡Pero dichosos vuestros ojos, porque ven, y vuestros oídos, porque
oyen!" (Mt 13,15).

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