1.- Conciencia y Fe SOCIALIZADA
Llamamos conciencia a la "capacidad de distinguir el bien del mal". O, dicho de otra forma, "distinguir
lo que nos construye como personas de lo que nos destruye",
aunque pueda ser placentero para cuerpo, sensibilidad o yo cerebral.
Nacemos sin más bagaje que los instintos biológicos
primarios, sin conciencia. A lo largo del crecimiento recibimos un "adiestramiento" más
que una educación hasta que llegamos a un "uso de razón" progresivo.
En una primera etapa es
la "influencia
de la familia" la que nos formatea. La formación, educación y madurez
de los padres y familia serán la influencia positiva o negativa, constructiva o
destructiva. Se empezará a desarrollar una "conciencia de imitación", un "mimetismo
total", una "conciencia socializada". Si los
padres tienen una fe religiosa, ésa será la que se nos pegue.
Más tarde, la escuela,
los compañeros (sobre todo los más cercanos), los profesores, los contenidos curriculares
y los medios de comunicación serán los que ampliarán nuestra "conciencia
socializada", llamada así porque es el seguimiento de la
sociedad que nos rodea, un gregarismo más que una conciencia
auténtica. "¿Dónde
va Vicente? Donde va la gente".
El "instinto religioso" con que nacemos
empezará a manifestarse, a poco que se estimule en el ambiente cercano, y los niños adoptarán las
devociones y hábitos de sus padres y educadores. Dependerá de la forma de
inculcarles esa religión primera para que los niños conecten con el "instinto
religioso" primario o lo adormezcan o lo rechacen.
En esa etapa se puede
hablar de "fe
inducida", facilitada por el "instinto religioso" y la fantasía
infantil de unos Seres celestes.
Un ambiente
materialista y ateo puede entorpecer o anular ese "instinto religioso" que
todos llevamos dentro. Siempre permanecerá la inquietud y la duda en la adultez, aunque se oculte y se
milite en un ateísmo social.
En estas primeras etapas la "valoración de la autoridad"
es total, sobre todo la religiosa, que se instaura y auto publicita como divina. Todo grupo
ansía un líder que le dé seguridad.
La "fe socializada o inducida", por
tanto, es la "creencia
en la ideología impuesta" por el grupo religioso a que
pertenecemos, con
sus aciertos y sus errores racionales o antropológicos. Es una "fe
clerical" basada en la obediencia acrítica de lo que diga el
Clero. "Yo,
lo que me diga el Cura", me respondía rotundo un catedrático de
universidad ante una iniciativa mía para la formación de novios.
Muchos católicos viven toda
su vida en esta etapa,
sin plantearse más que un "seguidismo primario y ritual" por
exigencia del "instinto
religioso", sumado al "ambiente cultural" que respiraron y
la "necesidad
de seguridad" que da el grupo y sus líderes.
Es una "fe
infantil", mero barniz y sometimiento acrítico, acompañada a
veces de un "apasionamiento
de grupo" que afianza la seguridad del creyente superficial y
atado.
El quebranto de esta conciencia social y primaria en alguna de sus muchas vertientes
(familiar, profesional, económica, matrimonial, moral, etc.) generará CULPABILIDAD.
2.- Conciencia
y Fe CEREBRAL
Se llama "conciencia
cerebral" al conjunto de ideas, ambiciones cerebrales y normas
de vida que uno genera para orientar su conducta, tener éxito y seguridad en la vida. También, seguridad religiosa.
Se va formando tras la
fase de contra dependencia adolescente. Y seguirá muy condicionada por el "ambiente
humano" y la "necesidad de reconocimiento" que
todos tenemos. No es, por tanto, una conciencia autónoma y libre. Las
ideologías, en especial la religiosa, le afectarán y aún más la necesidad de
supervivencia en el grupo.
Nuestra conciencia ya no se regirá solo por lo que nos
influye o influyó socialmente, sino que aplicaremos determinados "conceptos
cerebrales" a nuestra vida. Tal vez consolidaremos ciertos valores morales o
ciertos principios de conducta, muy influidos por nuestras preferencias
religiosas.
La formación religiosa recibida
reforzará una "fe
cerebral" con sus rigideces intelectuales, sus dogmatismos y sus amenazas. Pero,
con mucha probabilidad, dominará en gran medida la "fe social" absorbida
en las primeras etapas.
La "autoridad
religiosa" (bien reforzada por el autobombo y los signos de
ostentación clericales) seguirá teniendo una influencia determinante. Sus rígidas
estructuras intelectuales (doctrinas) tendrán muchísimo peso, más por MIEDO a
salirse del tiesto y ser reos de las penas clericales (temporales o eternas) que
por coherencia y convencimiento auténticos.
Esa "fe cerebral y abstracta" se
refuerza con las obligaciones rituales y devocionales en aquellos que llamamos
practicantes. En esa etapa dinámica algunos conectan más intensamente con el "instinto
religioso primario" y se sienten impulsados a vivir la Transcendencia
de forma más íntima y vital. Lo que les facilitará un descenso a su interioridad
y el paso a la siguiente etapa.
Esa "fe
cerebral" es muy frecuente entre los profesionales de la
religión, con una
larga y disciplinada formación intelectual, con éxitos curriculares y con el
consiguiente reconocimiento oficial y, tal vez, ascenso en la jerarquía
religiosa.
Si no hay una auténtica bajada a la vivencia y al
cuestionamiento racional por medio de la "oración personal profunda" (contacto directo con la
Trascendencia vivida) podrán permanecer toda su vida atados por el "dogmatismo
de la autoridad establecida", bien sometidos por el voto de
obediencia.
Muchos, en la madurez,
sufrirán en silencio las incoherencias racionales de su profesión y se sentirán
atrapados por la comunidad religiosa o grupo en que cayeron o eligieron.
Algunos abandonarán. Otros se desequilibrarán o arrastrarán una "fe
cerebral" y "obligaciones rituales" que ya no
alimentan su vida real y comunitaria.
3.- Conciencia y Fe PROFUNDA
La "conciencia profunda"
es la brújula del ser en crecimiento. Llamamos "SER" a lo más profundo de la
persona, al "lugar
de nuestra identidad, vocación esencial, lazos íntimos y apertura a una Transcendencia".
Es como la huella dactilar de tu interioridad, siempre original y distinta.
El "SER"
se somatiza en la zona ventral. Se manifiesta en las sensaciones y aspiraciones
profundas de la sensibilidad. Hay quien lo llama "alma" por su invisibilidad física, aunque no
sicológica. También se llama "corazón" porque es realmente el
origen y motor de los sentimientos más profundos y nobles de la persona.
La "conciencia profunda" es la mejor
guía de conducta porque
sintetiza todas las instancias de la persona (inteligencia, sensibilidad, cuerpo
y ser) para orientarlas hacia el bien, hacia la mejor actuación de uno mismo.
Es decir, analiza y decide desde la totalidad de la persona y no se deja
arrastrar por el "ambiente
humano o material", aunque los tiene en cuenta.
Se caracteriza por su "libertad
real" y su voluntaria "adaptación" a lo que más conviene
al crecimiento personal, que es, a su vez, lo más beneficioso para el grupo.
La "fe profunda" es la "fe de
adhesión" a los valores humanos que te constituyen, se
descubren en el ser y te hacen sentir pleno y feliz.
En algún momento de tu
progresividad descubres que son "valores heredados" de un Creador
que te hizo así y que están dotados de un "dinamismo de crecimiento" que nunca
termina. Muy habitualmente se descubren a través de un "líder humano" que los
vive y enseña con coherencia.
Hay una íntima e instintiva adhesión entre lo que se cree y
lo que se siente en el fondo del ser y que ilumina, unifica y alimenta la "vida
íntima" en la que uno se reconoce heredero de un Padre que lo inunda, ilumina y
vitaliza todo.
Ya no cree o imagina con la "fe infantil" que
heredó, ni con la "fe intelectual" que aprendió en los libros, ni
siquiera con la "fe
social" que rige en su mundo. Todo aquello lo aprovechará en la
medida que coincida con la "fe vital" que nace en su
profundidad.
Quien no ha hecho ese descenso a la más íntima interioridad ("intimi,
intimisimo meo", decía San Agustín) no podrá alcanzar esa "fe
vital".
Si no has llegado a la
"evidencia
vital" de que existe un Ser que habita tu ser; si no te sientes
atraído por un Alguien que te confiere "lo mejor de ti mismo" en libertad,
no alcanzarás la "fe
auténtica", la adhesión a quien te da la vida física y
espiritual. Más que fe, en esta etapa, son tus "certezas y evidencias"
interiores las que transforman tus formas de creer y generan seguridad.
La verdadera FE no es
creer lo que no vimos y alguien te enseña o imprime desde fuera. Sino la
CONFIANZA que emana de "certezas y evidencias" surgidas en tu ser que se demuestran firmes e imborrables.
Nuestra Iglesia católica ha volcado todos sus esfuerzos en
prolongar la "fe
infantil" (por contagio) y la ha querido
asegurar con una "fe
cerebral" (formación intelectual) que llaman catequesis. Por desgracia, suelen privilegiar los
cuentos bíblicos que antes denominaban Historia Sagrada. Y lo refuerzan con una
"praxis
externa" que llaman "sacramentos de la iniciación", a
los que confieren efectos mágicos.
Cuando los así
catequizados lleguen a la libertad de pensar por sí mismos, abandonarán todas
las exageraciones e influencias mágicas que recibieron y abandonarán toda práctica religiosa por
irracional y fantástica, alejada de la realidad vital.
Se sembró en tierras
movedizas. Se olvidó que la religión auténtica nace en el interior y que solo
ayudando (no imponiendo) a bajar y descubrir los tesoros que yacen en esa
tierra sagrada se podrá construir sobre roca. Solo la "fe vital" permanece,
se desarrolla y mantiene.
Por supuesto que esa "fe de
adhesión" necesita acompañamiento para bajar y descubrir la
interioridad y la coherencia racional de lo que somos. Solo descubriendo lo que
somos podremos intuir de dónde venimos y adherirnos, como un imán, a esa
Realidad creadora que nos constituye.
El método es ayudar a
descubrir y experimentar la "oración de impregnación" de forma
continua y permanente
porque somos volubles y progresivos, bajo la tiranía del tiempo.
Lo mismo que atendemos
nuestras necesidades físicas como comer, dormir, lavarnos, movernos, etc. necesitamos
cuidar nuestra esencia espiritual. Si no, solo viviremos como animalitos, aunque
sea domesticados y acostumbrados a rezar con rutinas e incoherencias.
Hay quien descubre la espiritualidad por los inhóspitos
caminos de cualquier religión, logran descender y vivir lo que late en el fondo,
descubriendo y relacionándose con la Transcendencia. Son los místicos de todas
las religiones. Aquí me descubro ante un Rabindranath Tagore, por ejemplo.
Y, en nuestra religión, muchos descubren su vocación
religiosa por el camino descrito, pero luego no aciertan a cultivar y madurar, tal vez
absorbidos por los ritos y rutinas obligatorios. De ahí tantas decepciones, rigideces,
retornos a la "fe
cerebral y fe social" con sometimiento ciego o apasionado a la
autoridad y, en el peor de los casos, las huidas y abandonos.
La gran lección
práctica para descubrir y cultivar la "fe de adhesión o vital" nos la dio nuestra Teresa: "La
determinada determinación de hacer oración personal todos los días",
con todas sus dificultades iniciales y con todas la perezas de la mente y
cuerpo. Igual que nuestra parte animal necesita cuidarse todos los días, el espíritu
humano necesita igualmente atender sus necesidades. Y no entro en los
beneficios físicos de la vida espiritual.
El problema que surge después es que el espíritu o
interioridad adquieren tal fuerza que no se somete a autoritarismos, ritos incoherentes,
prácticas mágicas, cuentos impuestos o idolatrías oficializadas. Para superar
realmente las "conciencias
social y cerebral" hay que llegar a vivir la "libertad
interior del ser humano".
Una religión que fuerce
o someta esa "libertad
interior" no se puede llamar religión y desde luego no es la de Jesús de
Nazaret.
Esa libertad le hizo a
Teresa de Jesús temer por su expulsión de la Iglesia católica. Combatió ese
temor buscando la aprobación de santos consejeros clericales que le apoyaron y
defendieron. Ese temor le hizo verbalizar a la hora de su muerte esa frase poco
destacada: "Muero
dentro de la Iglesia Católica".
Me falta decir que el quebranto de la "conciencia social y cerebral"
genera CULPABILIDAD. Mientras que la "conciencia profunda" genera RESPONSABILIDAD. Otro gran error de nuestros
jerarcas que se empeñan en hundirnos en la culpabilidad (véase el esperpento
litúrgico de la Misa) en vez de enfrentarnos a nuestras responsabilidades.
Finalmente, conviene destacar que las 3 Conciencias nos acompañarán
toda la vida. Lo importante
es cuál de ellas tiene la dominancia. Si la dominancia es "social y cerebral" estamos
más cerca del "adiestramiento"
de nuestra desarrollada parte animal. Solo la "conciencia profunda" nos
garantiza conducirnos como personas humanas. Solo el "espíritu libre" nos distingue
de los instintos, más o menos organizados, de todos los animales (comer, copular
y jugar). Merece la pena meditarlo.
Una vez más, los
místicos nos muestran el camino. Lo demás, probablemente, es paja para
adormecernos con cierta comodidad.
«El cristianismo del siglo XXI será místico o no será» (Karl Rahner). Y de momento estamos
perdiendo la batalla.
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