18 mayo, 2026

Meditación atea

 

Lo que me escribe un lector confundido por los "dioses reinantes"

  

Estoy caminando en la cornisa del ateísmo. Quisiera no caer allí. Y si me quedara en territorio creyente, entonces solo podría hacerlo como aquí te confieso.

Por algunos momentos sí creo... Y cuando me parece que estoy creyendo, creo que estamos en manos de la pura Bondad. 

A ratos puedo imaginar un Dios, parecido a un "padre bueno", "creador de todo el universo" y "amante todopoderoso" 

¿Todopoderoso? ¿Cómo? 

La más bella descripción, que he encontrado acerca de cómo es Dios, es la que está escrita en la primera carta de Juan: "El que no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor" (1Juan 4,7). 

Me impacta esa afirmación: Dios es Amor. Para ser más preciso: Dios es Ágape. "Ágape" significa donación, amor compartido. Que no busca algo a cambio, solo darse. Un amor que busca hacerle bien al otro porque sí, gratis. 

Es lo contrario del amor interesado, el que da poco o da para obtener algo a cambio o da aquello que no le sirve. Dios no tiene nada que ver con eso, Dios se da todo en abundancia. 

Dios ama, quiere que seamos felices, quiere que podamos experimentar una vida bella, que estemos contentos con la vida que nos está regalando.

Dios no quiere que le demos nada a cambio, nos da todo regalado, gratis, porque desborda amor. 

Dios no necesita nada de nosotros, ni agradecimiento, ni alabanzas, ni pedidos. Dios es solo amor desbordado. 

Dios quiere que todos seamos plenos, felices, y que nos amemos, unos a otros con el mismo amor con que él nos ama. 

Sin embargo, todos somos testigos de muchas desgracias, de cientos de miles de personas que sufren abandono, tristeza y, lo peor de todo, maltratos horribles y períodos de su vida espantosos. 

¿Y entonces? ¿No le importa a Dios el sufrimiento? ¿No puede hacer nada para aliviar los sufrimientos? 

Algunos creen que sí puede. Y que lo hace cuando Él quiere y como Él quiere. Algunas personas creen que si le rezan mucho a Dios, entonces sí interviene a favor de esos pocos que le rezan. Algunos creen que Dios puede cambiar las cosas cuando se le ocurra y que puede mirar para otro lado si así lo desea. 

¿Entonces, Dios tiene su grupito de preferidos a los cuales les hace favores preferenciales? 

Presume de ello la Iglesia católica cuando sostiene la mentirota de que es "pobre para los pobres" o de que existen preferencias de Dios por una nación, unas personas o una religión. 

Ese Dios sería un "dios mezquino y arbitrario", que solamente le da al que le cae bien y no le da al que le cae mal (a un pecador, por ejemplo). 

Ese "dios" que solamente ama a los que le piden, sería un monstruo, un loco. Eso no es ágape, puro amor de donación. Que poco se acepta que Él no hace "acepción de personas" y ama a todos por igual, infinitamente. 

Cuando creemos que Dios es Amor, entonces no hay lugar para la mezquindad. Dios NO les da a unos, mientras les niega a otros. Dios NO protege a unos, mientras deja desprotegidos a otros. Dios NO le regala dones a unos, mientras les cierra la mano a otros. Dios NO regala salud a unos, mientras deja que padezcan enfermedades otros. 

¿Cómo pueden pensar que Dios solo escucha a quienes le suplican, mientras desoye a quienes no le dirigen la palabra? ¿Qué Dios les habla a algunos, mientras les da la espalda a otros? ¿Qué Dios ama a unos, porque le muestran amor, mientras es indiferente con quienes no le aman? 

Si fuera un Dios selectivo, sería un "dios loco y arbitrario", con quien no tendría sentido tratar de entablar una relación. Sería un "dios delirante" del que no sabríamos con qué nos puede salir. Estaríamos perdidos desde el día en que fuimos concebidos.

Pero si creemos que Dios ama siempre y a todos sin discriminación, seguimos con un problema: Ver tantos sufrimientos, tantas crueldades en el mundo… 

¿Cómo podemos decir que Dios está amando a una niña violada por su padre? 

¿Cómo podemos decir que Dios está amando a una madre que va presenciando la enfermedad terminal de su hijito? 

¿Cómo podemos explicar que Dios está amando a unos pobres refugiados de un país desolado, a quienes están matando con machetes? 

¿Y entonces? ¿En qué quedamos? 

Dios interviene en este mundo dándose a sí mismo, siempre y sin mezquindades ni distinciones. 

Sí, siempre está presente. Aún en las peores desgracias está llamando a todos y cada uno a amar.

¿De qué manera puede estar amando incondicionalmente? Nos está sosteniendo en la existencia amando. Si no, desapareceríamos. Lo mismo que todo lo creado. 

¿Puede intervenir siempre y sin discriminación? 

Sí, puede y, de hecho, interviene como he dicho. Pero tiene un límite que no puede pasar: Nuestra "LIBERTAD", a la que ha entregado la gobernanza de este mundo. Y lo que da no lo quita porque es fiel y no un "tirano voluble y caprichoso". 

Dios no puede hacer ningún bien, por aquí o por allá, con sus propias manos. No puede meter sus manos cuando se le ocurra, arbitrariamente, para hacerles favores a algunos que tienen suerte. Dios solamente puede amar desde los gestos de amor que realicemos sus criaturas.

Dios está atado de manos y solamente cuenta con nuestras manos para amar. Dios, solamente puede actuar desde lo que dejó hecho y bien hecho en la Creación evolutiva, impregnada de sí mismo, incluidas todas y cada una de sus criaturas.

Desde su eternidad sólo puede intervenir en el tiempo a través de nuestro interior, donde ya dejó sembrada su propia presencia. 

Solo puede intervenir desde la "profundidad de la conciencia" de cada persona. Solo puede intervenir desde el "deseo de hacer el bien", que sembró en cada uno. Solo puede intervenir provocando, desde dentro, el deseo de amar a su "imagen y semejanza". 

Dios no puede mover ni siquiera un alfiler con sus manos para favorecer a alguno mientras abandona a su mala suerte a otros. Dios ha impreso en nuestro ser íntimo el deseo de amarnos unos a otros, el deseo de buscar, el deseo de progresar. Nuestra corta vida está impulsada por el "dinamismo de crecimiento". 

Dios está dentro de nosotros actuando pero impotente. Está amando, pero no manipulando. Está llamando, pero no obligando a escucharlo. Dios no es un titiritero, habita en el interior de cada criatura susurrando, suplicando impotente que nos amemos y amemos a los otros. 

Dios es amor sin límites, y su amor es ilimitado. Pero su intervención está curiosamente limitada, porque Dios no hace acepción de personas, ni puede meter su "infinitud eterna" en el "tiempo y espacio limitados" en que nos movemos.


Pedirle favores a Dios es tratarlo mal, es rebajarlo. Pedirle que sea bueno es ridículo, es ofenderle, aunque no pueda ofenderse.

Pensar que puede ser bueno con algunos, y que puede ignorar a otros, es una cosa muy fea, aunque la rutina nos haya cegado. 

Dios es Amor infinito. Pero nuestras manos y las de todos los seres humanos son las únicas manos con las que cuenta Dios, dentro de nuestro limitado mundo, para que se cumpla su deseo de que nos amemos y crezcamos, de que nos ayudemos unos a otros con el mismo amor con el que él nos ama. 

Su donación está resumida en la Naturaleza que produce todo lo que necesitamos para vivir y progresar en paz y amor, del que nació toda la Creación.


Muchas doctrinas y prácticas de la Iglesia católica, en la que nací, son confusas y contradictorias, idolátricas en gran medida. Lo que me ha  obligado a mantenerme al margen por higiene mental y religiosa. He renunciado a proponer cambios a la Iglesia en general y a las iglesias en particular. No hay interés en cambiar nada, es una evidencia. Mucha publicidad huera, mucho incienso, mucha paja y muy poco grano.

Están completamente abroquelados en un sistema de pensamiento cerrado, convencidos de que son portadores de la verdad, tanto o más que los judíos que condenaron a Jesús. Imposible avanzar con esta gente, aunque se llamen cristianos.

Diego Quiroga
Arquitecto
ARGENTINA


Estos son mis Libros Digitales.

Puedes pedirlos a:  jairoagua@gmail.com 

Los recibirás en tu correo-e gratuitamente.













 


20 abril, 2026

Una confesión sin secretos

 "La verdad os hará libres"

 

Mis queridos queridísimos: ¡Me encanta esa expresión de Alejandro Casona! Debería ser patrimonio cristiano. Hoy, noche del "domingo de resurrección", es tiempo propicio para las confidencias.

Vamos a ver: ¿Si os envío un pollo, lo metéis en la olla sin desplumar y destripar? ¡A que no! 

Pues eso mismo debéis hacer cuando os envío algo de terceros, como el vídeo que envié el viernes santo, para ratificar lo irracional de la "doctrina de la expiación vicaria". TODO hay que examinarlo, discernirlo y quedarse con lo bueno o lo que en ese momento pueda digerir. 

Mis "meditaciones del Blog" suelen estar muy meditadas, muy razonadas y condimentadas. Aún así, hay personas que no pueden digerir más que papillas. 

Y es que la "evolución espiritual" es similar al crecimiento biológico, pero mucho menos automática. Lo físico es automático y lo rige la biología, lo espiritual nace dentro. Sin bucear con libertad, imposible encontrar las perlas del fondo. 

Por eso los "ritos" y "rutinas" son el flotador para una "fe mecánica" que te impide sumergirte. Para usar cinturón de plomo es necesario valentía, libertad y tiempo de entrenamiento.

Yo intento facilitar caminos de descenso en aguas seguras, después de haberlos buceado. ¡Y oh sorpresa! Muchas personas me dicen que les he puesto en palabras lo que ya intuían y no se atrevían a pensar, nombrar o expresar. 

Por prudencia suelo repetir: Si lo que escribo no te hace bien, si no lo puedes digerir: ¡A la papelera o al desván! Quizás algún día quieras volverlo a ver. Es el proceso de "evolución normal de toda persona y todo grupo". A un niño pequeño no le puedes dar filetes de ternera, ni siquiera caramelos. 

Mi confesión pública para los que no me conozcan bien: ¡Soy un laico católico hereje! Como Jesús de Nazaret fue un hereje crucificado (leed la meditación del Blog con ese título).

Diré más: Desde hace mucho tiempo en nuestro Catolicismo, no se puede seguir a Jesús y manifestar al Abba, sin ser hereje. Porque quienes imponen y mandan (en vez de servir) están en coma.

En los días de Semana Santa hemos vivido ERRORES de nuestra Iglesia flagrantes, vergonzosos, incrustados en su doctrina y en su liturgia. 

Solo unos ejemplos: 

1.- La "Doctrina de la Redención" y el rescate expiatorio de Jesús, con la idolátrica y mentirosa mención al "pago por nuestros pecados".

¡Cómo se puede seguir repitiendo esa barbaridad! ¿La moneda aceptada e impuesta por el Abba es la sangre? ¡Ciegos, ciegos, ciegos! ¡No merecéis ni el pan que coméis y mucho menos enseñar a un Pueblo el camino de la Luz que falsificáis e impedís! ¡Arrepentíos, arrepentíos, porque os van a barrer como basura venenosa!

2.- El "Bautismo como perdón de los pecados" y, en especial, el inexistente "pecado original", en vez de ADHESIÓN y COMPROMISO. (He asistido a varios bautismos de adultos por TV estos días y me he ruborizado de los pies a la cabeza). 

3.- La insistencia en la "Religión Pasiva" y en la "Oración de petición": Encarguemos a Dios que nos resuelva todo, solo hay que insistir más y más, y causarse dolor, como los amorreos, para convencer al ídolo. ¿Pero los Cristianos tenemos ídolos? Parece ser que sí. ¡Qué fracaso el tuyo, Señor! 

Y ahí me paro. En mis Libros Digitales tenéis una colección bastante amplia de los "disparates de nuestra Iglesia", paralizada, incapaz de convertirse y avanzar.

Hoy he leído una frase consoladora de un Obispo sobre los Curas casados: "Esperar no es propio de una Iglesia sinodal y misionera". Pero en espera seguimos… en tantos y tantos temas. 

Los muy clericales siguen a los Curas y con eso creen que han acertado y están dispensados de pensar, meditar, descubrir al Abba que te habita y susurra continuamente. Sienten que han cumplido, son fieles y punto pelota. ¡Al Cielo de cabeza! 

Otros pensamos que los "buenismos necios e inertes" no son "seguimiento del Camino, Verdad y Vida", sino "santa comodidad". Y ya sabemos que el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. 

Imagina por un momento que recibes un mensaje: "A mamá le han ingresado de urgencia en el hospital "... ¿Qué harías? ¿Quedarte sentado tomándote la cerveza? ¿Tal vez ponerte a rezar el rosario? 

Pues nuestra Iglesia, amigos, está en la UVI, con fallos multiorgánicos. Lo vengo gritando desde que empecé a escribir. 

Hoy es noche de confesiones. El "Jairo" de "mi nombre de consagración" (no un seudónimo al uso) nació de mi deseo de coger a Jesús por el brazo y llevarle al lecho de mi moribunda Iglesia para que volviera a decir: "Talita cumi" (Mc 5,41), la cogiese de la mano y la levantara de su postración mortal. 

Y el "Agua" era y es mi determinación de encontrarme con Jesús en el "pozo de la Samaritana" para sacar "el agua viva de lo más hondo de mi ser" (Jn 4,5). Ya sabéis algo más sobre este ínfimo, efímero e insignificante escritor. 

Empecé escribiendo esta noche para aclarar que "el vídeo sobre la expiación vicaria" que envié a algunos me pareció muy oportuno. Pero la segunda parte hace una interpretación de Pablo muy poco realista y demasiado negativa. Lo digo para no escandalizar a nadie y en honor a la verdad.

Sin embargo, como empecé diciendo, para comer pollo, primero hay que desplumarlo y cocinarlo; y para comer pescado hay que saber retirar las espinas. Creo que lo advertí. Ahora quiero dejar constancia para los poco cocinillas. 

Es ésta una lección evidente, que no siempre practicamos. Cuando no soy capaz de separar lo que puedo digerir, aunque sea buenísimo, más vale quedarse en ayunas o pedir que alguien me lo pele y cocine. 

Perdonadme si no supe advertirlo suficientemente.

 


 Estos son mis Libros Digitales.

Puedes pedirlos a:  jairoagua@gmail.com 

Los recibirás en tu correo-e gratuitamente.














 


25 marzo, 2026

¿Por qué la Pasión y Muerte?

 De la CRUZ a la LUZ. Sin mentirotas incoherentes y capirotes adorando a un "dios canalla" 

 

¿La Pasión y Muerte? De ninguna manera son divinas, ni sagradas. Son hechura de nuestras manos asesinas, como lo son las "crucifixiones" a que sometemos hoy a tantos hermanos nuestros. Son nuestra terrible respuesta al que viene a ayudarnos.

Nos lo escribió claramente Juan: "La luz verdadera, la que alumbra a todo hombre, estaba llegando al mundo. En el mundo estuvo y, aunque el mundo se hizo mediante ella, el mundo no la conoció. Vino a su casa, pero los suyos no la recibieron" (Jn 1,9).

Lo cuenta el mismo Jesús en la "parábola de los viñadores homicidas" (Mt 21,33). 

No existe una cruz redentora querida por Dios. Él aborrece el sufrimiento de su Hijo y de sus hijos. Existe el horror de la cruz con la que aplastamos al Justo, al Bueno, al Pacífico, en contra de la voluntad de Dios, para proteger -terrible y vergonzante paradoja- la Religión. (Los religiosos de hoy deberían meditar seriamente esta historia). 

Ante nuestra "libertad criminal", Dios pudo quitárnosla de un plumazo: "¿Crees que no puedo pedir ayuda a mi Padre que me enviaría doce legiones de ángeles?" (Mt 26,53). Hubiese sido la destrucción del hombre porque sin libertad dejamos de ser humanos. Su obra creadora hubiese fracasado. La respuesta no fue fulminarnos sino enseñarnos, cogernos de la mano. Y ahí entra la "pedagogía del Crucificado": "vencer el mal con abundancia de bien" (Rom 12,21).

Ante esa atrocidad de nuestra libertad deicida, Él certifica con su sangre el contenido de su predicación, incluso ante una muerte atroz: paz, amor, verdad,  bondad, perdón, fortaleza, oración, aceptación… Y se convirtió así en ejemplo, en camino, en luz y en fortaleza para tantos mártires posteriores y para todos los que hoy pretendemos seguirle.


La muerte del Señor no tiene ningún sentido expiatorio, ni salvífico, ni sacrificial, ni perdonador. Eso es colgarle a Dios nuestro crimen, como si Él nos exigiera la sangre de su Hijo para perdonar. ¡Qué atrocidad!

El Padre Bueno, que yo vislumbro, nos tiene perdonados desde la eternidad. Lo que quiere ("su voluntad") es que nos abramos a ese perdón, soltemos nuestros fardos y caminemos ligeros a su encuentro.

Él no busca "sacrificios ni ofrendas", sino adhesión a su Hijo, al Santo, al Modelo, porque esa adhesión nos lleva hasta la felicidad ofrecida, hasta nuestra Casa. ¿Cómo hemos podido quedarnos en el madero, fabricado por manos asesinas, y perder de vista la adhesión al Crucificado, a su doctrina, a sus actitudes, a su ejemplo? ¡Esto es lo que nos salva y no el madero!

La manida y mal interpretada frase: "El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mt 16,24 y Sinopt.), NO es invitación a un dolorido y sangriento sacrificio. Hemos exagerado hasta el extremo la "llamada al dolor y la sangre", al estilo de la religión judía, su obsesión por el pecado y sus pagos expiatorios. ¿Qué dios se alimenta de dolor y sangre? ¿Cómo pretendes pagar a la Gratuidad Infinita?

Con esas palabras, Jesús nos está llamando al equilibrio de nuestra parte animal, al abandono de los espejuelos, al lógico esfuerzo de la adhesión y el seguimiento, a la lucha por la felicidad real. Cualquier padre humano recomienda lo mismo. Y cualquiera que haga oración profunda sabe del "gozo de la adhesión" muy distante de lo que entendemos por cruz. ¿Dónde está, si no, la buena noticia?

Los humanos estamos programados para la felicidad, es irremediable que la persigamos. Lo dramático es que creamos -conscientes o inconscientes- que está en la satisfacción animal.

Por eso el Señor nos abre los ojos y nos señala el gozoso "camino de la felicidad auténticamente humana", la que nos llena y satisface plenamente. ¡Pregúntale a la Samaritana o a cualquier converso de verdad!

La pasión y muerte son el testimonio extremo y la coherente consecuencia final de un Camino, una Verdad y una Vida, la "Vida de Dios", que late en el corazón humano.

Contra esa liberadora y gozosa vida nueva se levanta -ayer como hoy- el "mal religioso" (cerrazón, complejidad, inmovilismo, fanatismo, coacción, violencia… "ni entran ni dejan entrar", ni viven ni dejan vivir), aliado entonces con el "mal político" (dominación e injusticia flagrante).

Su preciosísima sangre no nos salvó, se la arrancamos nosotros, asesinos, violentos, torturadores, ciegos...

Lo que nos salva es nuestra ADHESIÓN al Crucificado, real y concreta, aquí y ahora, hasta el punto de llegar a derramar -si llega el caso- hasta la última gota de nuestra sangre por comportarnos como Él, por imitar su modelo de humanidad, por abrazar la verdadera felicidad que nadie nos quitará.


¿Cómo no hemos acertado a comprender todo esto? Tiene razón el acusador de mi sueño: "Vosotros estáis con Cristo más para venderle que para comprarle".

Muchos se quedan en la sensibilidad y se estremecen imaginando el dolor de la cruz (cuanto más sangre peliculera mejor). Pero no profundizan en las lecciones que en ella nos dejó el Crucificado.

En la cruz existe un lúgubre ANVERSO

Es el instrumento de tortura abominable con que el "mal religioso" y la manipulada "masa ciega" condenan al Justo (una vez se mata a los profetas...). Convertir el patíbulo en "fetiche salvador" es pura idolatría. ¿Si lo hubiesen lanceado, adoraríamos una lanza o una metralleta en otro tiempo?

De este ANVERSO se deduce que no podemos ser promotores de atormentadas cruces, ni para nosotros mismos ni para los demás, sino sembradores de la dulzura, la paciencia y el perdón del Crucificado.

En este ANVERSO vemos, cara a cara, la crueldad y el dolor a que nos lleva la deshumanización. Y podemos oír al Crucificado gritarnos:

¡No sembréis el mundo de dolor! ¡Por aquí no! ¡NUNCA MÁS! (La  8ª Palabra). 

Sin embargo, la "mentalidad judía" de los primeros cristianos lo entendió justo al revés. Y ha ido goteando durante siglos por la interpretación literal, el inmovilismo acrítico y la coacción religiosa.

Repitiendo y repitiendo hemos llegado hasta hoy cantando la "expiación redentora" y la "feliz culpa", a pesar de que muchísimos católicos -clérigos y laicos- caminan ya, desde hace mucho tiempo, por la interpretación que estoy intentando balbucear. 

¡Cuánto necesitamos meditar esta realidad y olvidarnos del "dios sádico" que reclama "dolor y sangre" para perdonar y meritar!

Especialísima reflexión deberían hacer los religiosos, hacia dentro de sus propias Comunidades. ¿Te sientes feliz y en familia? ¿No has sufrido el autoritarismo, el juicio, el olvido o incluso el desprecio? ¿Los latigazos penitenciales no fue lo primero que te enseñaron? Y es que "nadie da lo que no tiene". Y la tradición está llenita de maestros inmisericordes.

¿Cómo no acertamos a ver en la cruz nuestra espeluznante obra torturadora, repetida a lo largo de los siglos con el mismo falso argumento: "la voluntad de Dios"? ¿Qué voluntad y qué dios?

Pero la Cruz tiene un REVERSO luminoso, que olvidamos: Es la "síntesis de los valores del Crucificado", de todo aquello por lo que se deja matar.

Por eso es el símbolo de los cristianos, el resumen de toda su doctrina. Por eso no puede llamarse cristiano el que porta o besa una cruz, se cree salvado, repite unos ritos, pero NO se conduce de acuerdo a los valores implícitos en ella.

Porque no es "el símbolo" lo que salva, sino "el testimonio" de lo que simboliza. La Resurrección probará que esa opción, esos valores, son el camino de la felicidad y triunfo definitivos.

Y le llamamos Redentor porque ciertamente nos redime de nuestra ceguera, de nuestros temores, de nuestra desesperanza, de nuestras torturas, de nuestro fracaso como seres humanos.

Su dolor resucitado, además de certificar "su Mensaje", es consuelo y esperanza para los que sufren, en cualquier época, bajo las garras del mal:

"No tengáis miedo de los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma" (Mt 10,28). "Como Él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella" (Heb 2,18).

El corazón maternal de Dios no podía renunciar a su deseo de hacernos humanos y felices. Ésa es la finalidad de la Creación, de la Encarnación y de la Redención. Ése es el regalo de "su Gratuidad".

Quien estúpidamente lo rechaza en esta vida tendrá que rehabilitarse en la otra, tendrá que hacer la dolorosa gimnasia de convertirse en humano y sufrir indeciblemente al darse cuenta de que rompió su décimo premiado y tiene que volver a empezar.

La posibilidad de ser feliz está indisolublemente ligada a la naturaleza humana. Un animal podrá estar satisfecho pero no feliz. Nadie que renuncie a la "imagen y semejanza", inmersa en su humanidad, podrá encontrar la felicidad.

Por eso "la parábola del hijo pródigo" -síntesis de todo el Evangelio- es una historia de gratuidad, libertad errada y felicidad recuperada: "volveré junto a mi padre" (Lc 15,18).

Ni salvados, ni redimidos… de esa manera que aprendimos, porque la redención no es la sangrienta teoría estática, abstracta, comercial y milagrera que nos explicaron.

La Redención -con mayúscula- es la fuerza dinámica del propio Cristo, encarnado, muerto y resucitado "para" nosotros y "por" nosotros.

Él es el Camino que hay que andar, la Verdad que hay que descubrir y la Vida que hay que desarrollar. Y no solo para alcanzar la felicidad de allá, sino la de acá, en la medida de nuestra capacidad.

El "mensaje de la Cruz" nos señala precisamente lo que hay que EVITAR para disminuir el dolor de este mundo (recuérdese la serpiente de bronce).

Pero llevamos siglos interpretando lo contrario: Hay que causarse y causar dolor para imitar a Cristo y redimirnos.

La LUZ y no la CRUZ es lo que hay que IMITAR, precisamente para hacer desaparecer las cruces de este pérfido mundo.

¡La Redención viva, actual y verdadera, está plantada por Cristo, es el mismo Cristo! Pero somos nosotros los que tenemos que hacerla realidad en nuestra persona, en nuestro tiempo y en nuestro mundo.

Es delante de nosotros donde está la Redención y no detrás, porque delante de nosotros camina el siempre Primero. En sus huellas -traspasadas por nuestro clericalismo- está la Salvación, es decir, nuestra Humanización y no los disparates que nos enseñan todavía. Ahí están las dinámicas "parábolas del reino" para ratificarlo.

Ni salvados, ni redimidos… de esa manera que nos contaron, pero SÍ iluminados, amados, llamados, atraídos, esperados y abrazados. ¡Esa es la Redención real, concreta, viva y actuante! ¿No es para volverse loco de alegría y pegar el aleluya hasta en el carnet de identidad?

Y, si hablamos de salvación eterna, debo "dar razón de mi esperanza" (1Pe 3,15):

¡SÍ, salvados, salvados TODOS desde la eternidad porque el Amor no puede hacer otra cosa que salvar!

El Señor vino a cogernos de la mano para guiarnos por la LUZ y alejarnos del DOLOR, para que consigamos la salvación en primera convocatoria y vivamos felices.

Esa es la "buena noticia", lo totalmente real, entendible y veraz porque coincide con lo que intuye nuestro corazón, sin tanto "laberinto" como algunos "profesionales de la religión" han construido.

De ti depende caminar el Camino de tu redención, de tu salvación, de tu humanización y dejarte acompañar -como en Emaús- por la dulce compañía del Amor mismo.

Es la adhesión a la LUZ la que nos hace hijos, no la cruz. Eres tú el que has de abrirte a recibir esa Luz, caminar hacia tu plenitud (redención) y no dejar de buscar ese Amor gratuito que te llama "hijo".

También puedes alejarte, despreciar "tu herencia" y hacer la experiencia de sobrevivir pasando hambre entre los puercos.

¡Es cosa tuya! Ése es el misterio de la libertad. El Camino está trazado y bien iluminado, de ti depende tomarlo o rechazarlo. Cuando decidas tomarlo, Él siempre te acompañará con abrazos florecidos y besos horneados.

"Yo, el Señor, te he llamado para la justicia, te he tomado de la mano y te he formado, te he puesto como alianza del pueblo y LUZ de las naciones, para abrir los ojos a los ciegos, para sacar a los presos de la cárcel, del calabozo a los que viven en tinieblas…

Guiaré a los ciegos por caminos que no conocen, por senderos ignorados los haré caminar; ante ellos cambiaré las tinieblas en LUZ, y en llano el terreno pedregoso. Todo esto es lo que voy a hacer y lo haré sin falta" (Is 42,6).




Estos son mis Libros Digitales.

Puedes pedirlos a:  jairoagua@gmail.com 

Los recibirás en tu correo-e gratuitamente.














 

Meditación atea

  Lo que me escribe un lector confundido por los "dioses reinantes"     Estoy caminando en la cornisa del ateísmo . Quisiera no ...