25 marzo, 2026

¿Por qué la Pasión y Muerte?

 De la CRUZ a la LUZ. Sin mentirotas incoherentes y capirotes adorando a un "dios canalla" 

 

¿La Pasión y Muerte? De ninguna manera son divinas, ni sagradas. Son hechura de nuestras manos asesinas, como lo son las "crucifixiones" a que sometemos hoy a tantos hermanos nuestros. Son nuestra terrible respuesta al que viene a ayudarnos.

Nos lo escribió claramente Juan: "La luz verdadera, la que alumbra a todo hombre, estaba llegando al mundo. En el mundo estuvo y, aunque el mundo se hizo mediante ella, el mundo no la conoció. Vino a su casa, pero los suyos no la recibieron" (Jn 1,9).

Lo cuenta el mismo Jesús en la "parábola de los viñadores homicidas" (Mt 21,33). 

No existe una cruz redentora querida por Dios. Él aborrece el sufrimiento de su Hijo y de sus hijos. Existe el horror de la cruz con la que aplastamos al Justo, al Bueno, al Pacífico, en contra de la voluntad de Dios, para proteger -terrible y vergonzante paradoja- la Religión. (Los religiosos de hoy deberían meditar seriamente esta historia). 

Ante nuestra "libertad criminal", Dios pudo quitárnosla de un plumazo: "¿Crees que no puedo pedir ayuda a mi Padre que me enviaría doce legiones de ángeles?" (Mt 26,53). Hubiese sido la destrucción del hombre porque sin libertad dejamos de ser humanos. Su obra creadora hubiese fracasado. La respuesta no fue fulminarnos sino enseñarnos, cogernos de la mano. Y ahí entra la "pedagogía del Crucificado": "vencer el mal con abundancia de bien" (Rom 12,21).

Ante esa atrocidad de nuestra libertad deicida, Él certifica con su sangre el contenido de su predicación, incluso ante una muerte atroz: paz, amor, verdad,  bondad, perdón, fortaleza, oración, aceptación… Y se convirtió así en ejemplo, en camino, en luz y en fortaleza para tantos mártires posteriores y para todos los que hoy pretendemos seguirle.


La muerte del Señor no tiene ningún sentido expiatorio, ni salvífico, ni sacrificial, ni perdonador. Eso es colgarle a Dios nuestro crimen, como si Él nos exigiera la sangre de su Hijo para perdonar. ¡Qué atrocidad!

El Padre Bueno, que yo vislumbro, nos tiene perdonados desde la eternidad. Lo que quiere ("su voluntad") es que nos abramos a ese perdón, soltemos nuestros fardos y caminemos ligeros a su encuentro.

Él no busca "sacrificios ni ofrendas", sino adhesión a su Hijo, al Santo, al Modelo, porque esa adhesión nos lleva hasta la felicidad ofrecida, hasta nuestra Casa. ¿Cómo hemos podido quedarnos en el madero, fabricado por manos asesinas, y perder de vista la adhesión al Crucificado, a su doctrina, a sus actitudes, a su ejemplo? ¡Esto es lo que nos salva y no el madero!

La manida y mal interpretada frase: "El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mt 16,24 y Sinopt.), NO es invitación a un dolorido y sangriento sacrificio. Hemos exagerado hasta el extremo la "llamada al dolor y la sangre", al estilo de la religión judía, su obsesión por el pecado y sus pagos expiatorios. ¿Qué dios se alimenta de dolor y sangre? ¿Cómo pretendes pagar a la Gratuidad Infinita?

Con esas palabras, Jesús nos está llamando al equilibrio de nuestra parte animal, al abandono de los espejuelos, al lógico esfuerzo de la adhesión y el seguimiento, a la lucha por la felicidad real. Cualquier padre humano recomienda lo mismo. Y cualquiera que haga oración profunda sabe del "gozo de la adhesión" muy distante de lo que entendemos por cruz. ¿Dónde está, si no, la buena noticia?

Los humanos estamos programados para la felicidad, es irremediable que la persigamos. Lo dramático es que creamos -conscientes o inconscientes- que está en la satisfacción animal.

Por eso el Señor nos abre los ojos y nos señala el gozoso "camino de la felicidad auténticamente humana", la que nos llena y satisface plenamente. ¡Pregúntale a la Samaritana o a cualquier converso de verdad!

La pasión y muerte son el testimonio extremo y la coherente consecuencia final de un Camino, una Verdad y una Vida, la "Vida de Dios", que late en el corazón humano.

Contra esa liberadora y gozosa vida nueva se levanta -ayer como hoy- el "mal religioso" (cerrazón, complejidad, inmovilismo, fanatismo, coacción, violencia… "ni entran ni dejan entrar", ni viven ni dejan vivir), aliado entonces con el "mal político" (dominación e injusticia flagrante).

Su preciosísima sangre no nos salvó, se la arrancamos nosotros, asesinos, violentos, torturadores, ciegos...

Lo que nos salva es nuestra ADHESIÓN al Crucificado, real y concreta, aquí y ahora, hasta el punto de llegar a derramar -si llega el caso- hasta la última gota de nuestra sangre por comportarnos como Él, por imitar su modelo de humanidad, por abrazar la verdadera felicidad que nadie nos quitará.


¿Cómo no hemos acertado a comprender todo esto? Tiene razón el acusador de mi sueño: "Vosotros estáis con Cristo más para venderle que para comprarle".

Muchos se quedan en la sensibilidad y se estremecen imaginando el dolor de la cruz (cuanto más sangre peliculera mejor). Pero no profundizan en las lecciones que en ella nos dejó el Crucificado.

En la cruz existe un lúgubre ANVERSO

Es el instrumento de tortura abominable con que el "mal religioso" y la manipulada "masa ciega" condenan al Justo (una vez se mata a los profetas...). Convertir el patíbulo en "fetiche salvador" es pura idolatría. ¿Si lo hubiesen lanceado, adoraríamos una lanza o una metralleta en otro tiempo?

De este ANVERSO se deduce que no podemos ser promotores de atormentadas cruces, ni para nosotros mismos ni para los demás, sino sembradores de la dulzura, la paciencia y el perdón del Crucificado.

En este ANVERSO vemos, cara a cara, la crueldad y el dolor a que nos lleva la deshumanización. Y podemos oír al Crucificado gritarnos:

¡No sembréis el mundo de dolor! ¡Por aquí no! ¡NUNCA MÁS! (La  8ª Palabra). 

Sin embargo, la "mentalidad judía" de los primeros cristianos lo entendió justo al revés. Y ha ido goteando durante siglos por la interpretación literal, el inmovilismo acrítico y la coacción religiosa.

Repitiendo y repitiendo hemos llegado hasta hoy cantando la "expiación redentora" y la "feliz culpa", a pesar de que muchísimos católicos -clérigos y laicos- caminan ya, desde hace mucho tiempo, por la interpretación que estoy intentando balbucear. 

¡Cuánto necesitamos meditar esta realidad y olvidarnos del "dios sádico" que reclama "dolor y sangre" para perdonar y meritar!

Especialísima reflexión deberían hacer los religiosos, hacia dentro de sus propias Comunidades. ¿Te sientes feliz y en familia? ¿No has sufrido el autoritarismo, el juicio, el olvido o incluso el desprecio? ¿Los latigazos penitenciales no fue lo primero que te enseñaron? Y es que "nadie da lo que no tiene". Y la tradición está llenita de maestros inmisericordes.

¿Cómo no acertamos a ver en la cruz nuestra espeluznante obra torturadora, repetida a lo largo de los siglos con el mismo falso argumento: "la voluntad de Dios"? ¿Qué voluntad y qué dios?

Pero la Cruz tiene un REVERSO luminoso, que olvidamos: Es la "síntesis de los valores del Crucificado", de todo aquello por lo que se deja matar.

Por eso es el símbolo de los cristianos, el resumen de toda su doctrina. Por eso no puede llamarse cristiano el que porta o besa una cruz, se cree salvado, repite unos ritos, pero NO se conduce de acuerdo a los valores implícitos en ella.

Porque no es "el símbolo" lo que salva, sino "el testimonio" de lo que simboliza. La Resurrección probará que esa opción, esos valores, son el camino de la felicidad y triunfo definitivos.

Y le llamamos Redentor porque ciertamente nos redime de nuestra ceguera, de nuestros temores, de nuestra desesperanza, de nuestras torturas, de nuestro fracaso como seres humanos.

Su dolor resucitado, además de certificar "su Mensaje", es consuelo y esperanza para los que sufren, en cualquier época, bajo las garras del mal:

"No tengáis miedo de los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma" (Mt 10,28). "Como Él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella" (Heb 2,18).

El corazón maternal de Dios no podía renunciar a su deseo de hacernos humanos y felices. Ésa es la finalidad de la Creación, de la Encarnación y de la Redención. Ése es el regalo de "su Gratuidad".

Quien estúpidamente lo rechaza en esta vida tendrá que rehabilitarse en la otra, tendrá que hacer la dolorosa gimnasia de convertirse en humano y sufrir indeciblemente al darse cuenta de que rompió su décimo premiado y tiene que volver a empezar.

La posibilidad de ser feliz está indisolublemente ligada a la naturaleza humana. Un animal podrá estar satisfecho pero no feliz. Nadie que renuncie a la "imagen y semejanza", inmersa en su humanidad, podrá encontrar la felicidad.

Por eso "la parábola del hijo pródigo" -síntesis de todo el Evangelio- es una historia de gratuidad, libertad errada y felicidad recuperada: "volveré junto a mi padre" (Lc 15,18).

Ni salvados, ni redimidos… de esa manera que aprendimos, porque la redención no es la sangrienta teoría estática, abstracta, comercial y milagrera que nos explicaron.

La Redención -con mayúscula- es la fuerza dinámica del propio Cristo, encarnado, muerto y resucitado "para" nosotros y "por" nosotros.

Él es el Camino que hay que andar, la Verdad que hay que descubrir y la Vida que hay que desarrollar. Y no solo para alcanzar la felicidad de allá, sino la de acá, en la medida de nuestra capacidad.

El "mensaje de la Cruz" nos señala precisamente lo que hay que EVITAR para disminuir el dolor de este mundo (recuérdese la serpiente de bronce).

Pero llevamos siglos interpretando lo contrario: Hay que causarse y causar dolor para imitar a Cristo y redimirnos.

La LUZ y no la CRUZ es lo que hay que IMITAR, precisamente para hacer desaparecer las cruces de este pérfido mundo.

¡La Redención viva, actual y verdadera, está plantada por Cristo, es el mismo Cristo! Pero somos nosotros los que tenemos que hacerla realidad en nuestra persona, en nuestro tiempo y en nuestro mundo.

Es delante de nosotros donde está la Redención y no detrás, porque delante de nosotros camina el siempre Primero. En sus huellas -traspasadas por nuestro clericalismo- está la Salvación, es decir, nuestra Humanización y no los disparates que nos enseñan todavía. Ahí están las dinámicas "parábolas del reino" para ratificarlo.

Ni salvados, ni redimidos… de esa manera que nos contaron, pero SÍ iluminados, amados, llamados, atraídos, esperados y abrazados. ¡Esa es la Redención real, concreta, viva y actuante! ¿No es para volverse loco de alegría y pegar el aleluya hasta en el carnet de identidad?

Y, si hablamos de salvación eterna, debo "dar razón de mi esperanza" (1Pe 3,15):

¡SÍ, salvados, salvados TODOS desde la eternidad porque el Amor no puede hacer otra cosa que salvar!

El Señor vino a cogernos de la mano para guiarnos por la LUZ y alejarnos del DOLOR, para que consigamos la salvación en primera convocatoria y vivamos felices.

Esa es la "buena noticia", lo totalmente real, entendible y veraz porque coincide con lo que intuye nuestro corazón, sin tanto "laberinto" como algunos "profesionales de la religión" han construido.

De ti depende caminar el Camino de tu redención, de tu salvación, de tu humanización y dejarte acompañar -como en Emaús- por la dulce compañía del Amor mismo.

Es la adhesión a la LUZ la que nos hace hijos, no la cruz. Eres tú el que has de abrirte a recibir esa Luz, caminar hacia tu plenitud (redención) y no dejar de buscar ese Amor gratuito que te llama "hijo".

También puedes alejarte, despreciar "tu herencia" y hacer la experiencia de sobrevivir pasando hambre entre los puercos.

¡Es cosa tuya! Ése es el misterio de la libertad. El Camino está trazado y bien iluminado, de ti depende tomarlo o rechazarlo. Cuando decidas tomarlo, Él siempre te acompañará con abrazos florecidos y besos horneados.

"Yo, el Señor, te he llamado para la justicia, te he tomado de la mano y te he formado, te he puesto como alianza del pueblo y LUZ de las naciones, para abrir los ojos a los ciegos, para sacar a los presos de la cárcel, del calabozo a los que viven en tinieblas…

Guiaré a los ciegos por caminos que no conocen, por senderos ignorados los haré caminar; ante ellos cambiaré las tinieblas en LUZ, y en llano el terreno pedregoso. Todo esto es lo que voy a hacer y lo haré sin falta" (Is 42,6).




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20 febrero, 2026

Tentaciones y Tentadores

 ¿Qué hacemos con el enemigo que se coló en el salón de casa?

¿Lo metemos en la cama?

  

Claro que hay tentaciones y tentadores en nuestro mundo. Pero jamás de un demonio, como mantienen los "amantes de los demonios". 

¿Quién nos tienta? Desde luego NO un inexistente demonio, mítica personalización primitiva del MAL. Empezando por caer en que el MAL no existe, porque es la "ausencia de bien", que es lo que tiene entidad y existencia. Como la oscuridad es ausencia de luz. 

Lo que siempre nos tentó y nos tienta son los "instintos animales" (necesarios pero sin cabeza), nuestra "limitación" (si fuéramos infinitamente sabios seríamos inerrantes e intentables) y nuestra "libertad" (si no puedes elegir, no puedes ser inducido hacia una opción errada). 

Y además "los otros" y nuestra "loca imaginación", capaz de inventar quimeras gratificantes para los instintos ciegos y huidas perversas para nuestros miedos. 

En resumen: Nosotros mismos podemos generar la tentación o nos puede venir inducida por otros.


1ª Tentación: "El hambre y demás instintos". 

«Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Justamente lo que nos enseña nuestra religión: Suplícale a "dios" que cubra tus necesidades, eso es creer, tener fe. 

Jesús responde: "No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios". 

¿Y qué dice esa "palabra", escrita o inspirada en tu interior? "Comerás el pan con el sudor de tu frente" y "Creced, multiplicaos y gobernad la Tierra". NO es un castigo, sino una MISIÓN: Te creé con unas capacidades, utilízalas para realizarte, prosperar y satisfacer todas tus necesidades.


No es lícito pedirle a Dios lo que puedes y debes conseguir por ti mismo
. No puedes seguir colgado de un "ídolo cicatero y miserable" al que hay que sobornar permanentemente para conseguir que actúe. 

El Abba de Jesús, que se nos ha revelado y se manifiesta en tu interior, vive fuera del TIEMPO y del ESPACIO. No quieras meterlo en tu limitada jaula humana. Piensa un poco. 

Si no tiene TIEMPO, es absurdo pedirle que actúe en un FUTURO que no tiene. 

Si no tiene ESPACIO, es irracional pedirle que se MUEVA. Un Eterno PRESENTE solo tiene un ACTO, por eso afirmamos que Dios es "Acto Puro", que todo lo hizo bien, porque hace lo que es. Un Ser Infinito, sin ESPACIO, es INMÓVIL, un eje fijo, infinito y eterno (la movilidad es característica del espacio). Lo que no quiere decir que no sea expansivo, creador, entrega, amor sin límites. 

Con estas certezas, totalmente racionales (que no figuran en ninguna catequesis), es totalmente absurdo querer CAMBIAR o MOVER a Dios. Los que podemos y debemos cambiar somos nosotros que vivimos dentro del marco evolutivo de tiempo y espacio. Somos criaturas perfectibles y evolutivas, tanto a nivel individual como generacional.

Nos han creado "autónomos y libres", luego solo de nosotros depende la mejora del mundo y la maduración de la humanidad. Todo lo demás es pura imaginación milagrera, utópica e ineficaz. Por eso el mundo repite y repite los fracasos. 

Lo que nos lleva a visualizar, una vez más, el gran ERROR de la "Religión Pasiva" (colgarse y esperarlo todo de la actuación del Ser supremo) sin acertar a descubrir la "Religión Activa" (desarrollarnos y actuar sabiendo que TODO depende de nosotros, como seres dotados de inteligencia y autonomía). 

Pero sabiendo que portamos los "genes del Creador" y contamos con su "Presencia real" dentro de nosotros. 

¿Entonces, quién es el TENTADOR? 

El que te enseña el "poder de la oración conseguidora" para manipular a un Dios Infinito, como si fuera una gran marioneta o un robot de última generación, al que tú conduces con poderoso mando a distancia. Casi todas las oraciones oficiales te llevan por ahí. 

Tu verdadero "poder" es utilizar los dones sagrados de que te han dotado y sumergirte en el Abba que te habita, ilumina y fortalece para ejercitar tus capacidades. La satisfacción de tu parte animal, es necesaria y está en tus manos conseguirla. No hay que suplicarla.


2ª Tentación: "La fe y confianza ciegas" 

«Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: "Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras"». 

Jesús responde: "No tentarás al Señor, tu Dios". 


Pedir lo irracional no es humano. Pedir lo que no te pueden dar es totalmente necio. Si te han dotado de INTELIGENCIA, no puedes caer en la oscuridad de la ceguera, ni puedes caer en las garras de quien te conduce como a un animal domesticado. Eso no es FE, eso es SOMETIMIENTO irracional, contrario a los genes que llevas dentro. 

Si te han creado autónomo y libre, con inteligencia, voluntad y libertad, te han dado las capacidades de ver, aceptar y utilizar la realidad de la naturaleza y sus límites. Pedir milagros, querer saltarse las "reglas de la realidad", es utilizar a un "dios manipulable", un ídolo inexistente. Eso es fatua milagrería. 

¿Y, una vez más, quién es el TENTADOR? El que te enseña e induce a tentar a Dios diciéndote que eso es virtud y la prueba de tu fidelidad. El que, para proponerte las virtudes de un colega antepasado, exige que el santo haya realizado 2 milagros, al menos, "contra natura". Es solo un ejemplo. 

Esos gurús religiosos de hoy son los mismos que exigían el estricto cumplimiento de unas leyes inhumanas, sin pensar en la finalidad de la Ley. Los mismos que condenaron a Jesús por predicar HUMANIDAD, con todo lo que eso significa, y avanzar con racionalidad y coherencia desde la "imagen y semejanza" con que nacimos. Las vidas y escrituras de los ancestros no pueden contradecir eso. La vida humana es evolutiva, como toda la creación.


3ª Tentación: "La dominación, el poder y el tener" 

«Todo esto te daré, si te postras y me adoras». 

Jesús responde: "«Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto».


¿Y qué hemos hecho los católicos? Lo primero rendir pleitesía a la poderosa autoridad religiosa, por encima de tu conciencia. No hace tantos años, incluso mataban por disentir. 

Ellos son los "delegados de dios", los que han recibido el PODER de salvarte o condenarte (el símbolo de las llaves ya es una autoinculpación evidente). Lo que importa no es adorar a Dios, sino seguir las "normas y doctrinas" que la autoridad religiosa te imponga. 

Lo importante no es buscar la VERDAD por el camino evolutivo del ser humano. Lo importante es la "verdad sinfónica", es decir, la "adaptación sumisa" a lo que te digan desde arriba y no desde dentro, para construir una falsa UNIDAD con el "poder de la autoridad". Como antaño, a los profetas se les mata o se les destierra por decir lo contrario de lo que la autoridad quiere oír. 

Es escandaloso que unos seguidores de Jesús, a los que se encargó SERVIR, poco tiempo después se dedicaran a DOMINAR, a servirse de los fieles, a circuncidar conciencias y ACAPARAR lo superfluo. 

Nuestra historia es una historia de "prostitución del cristianismo" de la que no hemos salido todavía. 

Si quieres evidencias, entra en cualquier iglesia católica. Comprobarás la cantidad de "dioses con poderes" allí entronizados a los que se da culto para obtener dádivas, es decir, para saciar nuestros egoísmos materiales. 

Dar "culto a Dios y solo a Él" significa identificarle, aceptarle, tratarle como al Padre que te dio su ADN (no como a una manipulable marioneta gigante), comprobar por inmersión que siempre está ahí a tu favor y que sus genes te identifican, te iluminan y fortalecen desde dentro. 

Y, por supuesto, RECHAZAR cualquier "culto a ídolos, influencers e intermediarios" que te han dicho que tienen el "poder de cambiar la voluntad de Dios". ¡Pero qué disparate tan absurdo! 

Quienes te enseñan todo esto y te inducen al disparate son tus TENTADORES, por muy santos y ejemplares que les consideres. Lobos con piel de oveja, que ni ellos mismos saben que llevan disfraz, porque la tradición de siglos y el sometimiento a la autoridad religiosa les cegó. 

Es incomprensible cómo hemos borrado al Abba de Jesús y lo hemos sustituido por innumerables ídolos y falsas doctrinas, SÍ falsas doctrinas, me atrevo a gritarlo. 

Hemos caído en la tentación de "la dominación, el poder y el tener" sin visos de conversión. 

Quien tenga ojos para ver, que vea los innumerables ejemplos reales de hoy mismo.

 


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20 enero, 2026

Discípulos de un Hereje crucificado

 


Solo esa afirmación titular ya te llena de Paz. Supongo que nadie dudará de que Jesús fue un hereje de su judaísmo originario y lo es hoy del errante catolicismo sucesor. 

Aunque ahora los crucificados, por fuera o por dentro, somos los católicos, medianamente coherentes, que lloramos las divergencias seculares de una Jerarquía desnortada y anquilosada. 

Un consuelo inmenso ha sido descubrir la definición de hereje: "Es la persona que tiene razón antes que la Jerarquía religiosa lo reconozca". O el comentario veraz de la viñeta: "Hay quienes se hicieron herejes por el reino de los cielos", es decir, por la impregnación en la imagen del Abba que nos habita o, simplemente, por la observación de la realidad. 

Cuentan que cuando Galileo Galilei tuvo que retractarse ante la Inquisición, para no ser condenado, y testificar que "la Tierra NO se mueve alrededor del Sol", al salir absuelto del Tribunal susurró en la puerta: "Eppur si muove" (Pero sí se mueve). Esto ocurría en 1633 (casi anteayer en contaje religioso). 

¿Y qué iba a hacer el pobre Galileo si sabía que al dominico, doctor en teología y profesor universitario Giordano Bruno, tras una persecución implacable de años, lo habían quemado en la hoguera el 17-02-1600 en Roma por sostener teorías cosmológicas coincidentes? Y llama la atención que tanto este proceso como en el de Galileo fueran dirigidos por el cardenal Roberto Belarmino, canonizado en 1930 por la Iglesia. ¿Te chirrían las neuronas? Algo te explicarás cuando sigas leyendo. 

Hace unos años, mi paisano vallisoletano Miguel Delibes, amigo y compañero de caza de mi padre, publicó "El hereje"Quienes lo hayan leído podrán reconocer una demostración novelada de las "barbaridades de nuestra santa Iglesia". Habría que decir, de nuestra santa Jerarquía católica, a la que deja con el culo al aire, como en tantas y tantas etapas de nuestra religiosa historia. 

El INMOVILISMO ha sido y sigue siendo su primer error. Con estos mimbres históricos siguen imponiendo -con una amnesia enfermiza- ideologías involucionistas e incoherentes que exaltan como "dogmas", "magisterio" o "doctrina católica" (un cajón de sastre llenito de incoherencias y arcaísmos). 

Les pasa lo de aquel niño que quería coger el agua con la mano y guardársela en el bolsillo. Ignoran que la VIDA es evolución, movimiento, aprendizaje (también el descubrimiento y acercamiento al Creador) y no se la puede disecar como pretenden. 

La PREPOTENCIA totalitaria y anticristiana es otro gravísimo error, que ya delatan "las apariencias" con que se presentan al mundo. Como "in illo tempore", sus vestiduras e insignias (no cuela que les den forma de cruz a sus joyas) son evidencia de su imagen ególatra. Su ridículo "capuz apagavelas" parece el signo de la negación expresa de toda idea propia, para decir amén a lo establecido y corroído. 

Unos meses antes de morir el Papa Francisco quiso conocer al Dr. Manuel Sans, médico español, jubilado, escritor y conferenciante en la actualidad. Habla y escribe de ciencia, humanismo, conciencia, sentido de la vida y Trascendencia. 

Al final de la entrevista privada el Papa le preguntó: "¿Cómo usted llena teatros a rebosar y a nosotros se nos vacían las iglesias, si casi decimos lo mismo?". 

Titubeo el doctor y el Papa le insistió: "Está usted aquí para decirme la verdad". 

Con cierto rubor respondió: "Yo hablo de progreso, de evidencias científicas, de justificación racional, también de la necesidad de una Trascendencia que dé sentido, de la conciencia primera que es Dios. Pero ustedes se basan en dogmas fijos y obsoletos, no han evolucionado, no proporcionan las justificaciones racionales que la gente necesita e, incluso, las contradicen". 

El Papa guardó silencio unos segundos y asintió suavemente con la cabeza. 

El Papa Francisco se opuso al CLERICALISMO, como dominancia del Clero, e instauró la FRATERNIDAD, que llamó con el nombre canónico de SINODALIDAD. 

Es decir, quiso avanzar desde la rígida "verticalidad tradicional" de la Iglesia a un "modelo horizontal" que diera entrada a los fieles laicos. Ya veremos si esto cuaja a pesar de los dinosaurios. 

Y es que el PODER en muy goloso y pegajoso. Sobre todo si se afirma que es delegación expresa de Dios, según su interesada interpretación de las escrituras.



La mudanza del SERVICIO al PODER quizás sea el máximo escándalo de nuestra Iglesia. Nuestros jerarcas se dicen sucesores de los apóstoles, nombrados para SERVIR. Pero, al poco tiempo, entendieron que el mandato era MANDAR, SOMETER, imponerse con la "autoridad de dios". 

Les delata la Historia, cierto; pero hoy mismo no hay más que observar la estética de nuestra Iglesia, que es lo que engancha a muchos (ritos, pompa, ropajes, edificios, arte, rúbricas solemnes, plata y oro, etc.). Observa, por ejemplo, los "tronos episcopales" en cada Catedral o las sedes de los Curas en las iglesias importantes. 

¿Recordáis la escena del Papa Francisco sentado en el último banco, asistiendo a su primera misa en el Vaticano, como un fiel más? 

No le han imitado los Obispos que han multiplicado tradicionalmente las expresiones de "aquí mando yo".  Encima del trono episcopal veréis habitualmente una paloma (imagen del Espíritu). Es un signo de la "apropiación del Espíritu de Dios", la más terrible de las apropiaciones. Nos están diciendo: "Escuchadme y seguidme, yo soy el iluminado, el maestro, el príncipe".

¿Y cómo sabe usted que está más crecido, más humano, más iluminado que mi viejita amiga Oliva, que se sienta en el último banco? ¿Existe un medidor de la espiritualidad? 

¡Ya! Tiene usted más diplomas y títulos, más apariencias, más ropajes, y la engañifla esa de la "gracia de estado y dación del Espíritu", porque un día le impusieron las manos y se lo transmitieron, convencidos de que son sus propietarios.

Pero la realidad es que su consagración obispal es un "simple y humano nombramiento", una delegación de autoridad, en nada distinto a los civiles, salvo el devocional marco religioso. Todo lo demás es pura fantasía de creerse más y mejor para que el Pueblo los reconozca. ¡Vamos, lo de la exhibición del colorido abanico del pavo real que deja ver su trasera realidad!

¿O piensan todavía que la "gracia de Dios" se sirve en una tetera a nuestros amigos, invitados y autoridades? ¿O que circula por unas cañerías de las que ustedes poseen las válvulas? 

Pues la verdad es que el Padre de Jesús se derrama TODO, sobre TODOS y en TODO momento, justos e injustos, como la lluvia y el sol. Su esencia y eternidad no admiten particiones, ni repartos, ni entregas por fascículos. Y mucho menos el manoseo clerical.

Lo que SÍ podemos preparar y estimular en nuestra APERTURA humana, nuestra acogida, nuestra atenta consciencia, nuestra interiorización y las circunstancias que ayudan. Porque el Espíritu siempre está llegando, pero nunca desde ARRIBA, siempre desde DENTRO donde habita, aunque sea comprimido y olvidado. 

La "religión pasiva", que practicamos, es un fraude que insiste imbécilmente en conseguir favores y privilegios (personales o de clase) de un ídolo cicatero, tirándole de la manga. 

Solo es posible una "religión activa", que intenta acercarse a un Dios Infinito, totalmente volcado, mediante la búsqueda, la apertura, la interiorización y las decisiones humanas de concordar con el Bien infinito, derramado perceptiblemente en la Creación y en nuestro interior. 

No se puede manipular, sobornar, ni pretender nada del Dios verdadero, ni siquiera como placebo de tus necesidades humanas. Es un autoengaño, extendido por los "guías ciegos". Las SOLUCIONES están en tus "decisiones racionales y libres", apoyadas en la fuerza, luz y amor que llevas dentro. Dios lo tiene todo hecho y entregado. Lo que falta es solo tuyo. 

(Perdón por alargarme, pero si me callo estos párrafos, exploto. ¡Cómo no lo ven los genios dirigentes, si es una evidencia!) 

La ambición de PODER tiene su máxima expresión en la manifiesta "apropiación de Dios". Nos vienen a decir: Nosotros somos "los propietarios". Por eso podemos expenderlo, repartirlo, encerrarlo, perdonar y dominar en su nombre.

¡Qué lejos, pero qué lejos está todo eso del Hereje de Nazaret! Tantos siglos de Cristianismo para ir descendiendo hasta llegar, otra vez, a las religiones primitivas con sus brujos, sus magias, sus poderes, fetiches, amuletos, talismanes y apropiaciones de un dios inventado y humanoide… 

Toda mi vida con un MIEDO atroz a caer en alguna herejía y adicto a un clericalismo radical, he ido descubriendo despacio, muy despacio -porque soy muy torpe- que el verdadero peligro es abandonar las facultades que el Creador nos regaló: INTELIGENCIA y su derivada la CONCIENCIA profunda, la LIBERTAD y la VOLUNTAD. 

El auténtico peligro está en dejarse someter y abandonar la búsqueda, dejar de caminar en esa interioridad donde están nuestros tesoros, nuestros recursos, nuestra identidad. 

Permitidme una pregunta final. ¿Qué hubiese pasado con los eminentes Teólogos de la Inquisición de haber sobrevivido unos años? Pues que les hubieran cortado la cabeza por condena judicial o popular.

Y es que PONTIFICAR, por encima de la "humanidad que todos compartimos" y de la "realidad de nuestro mundo", en vez de ILUMINAR y EJEMPLARIZAR, es de una PREPOTENCIA cegadora que, por desgracia, no ha sido desterrada de nuestra Iglesia. 

Por eso hoy, para ser católico (tronco del cristianismo) no hay más remedio que ser hereje y declararse insumiso. Si no, más adelante, generaciones futuras te condenarán por cómplice.




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