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25 marzo, 2026

¿Por qué la Pasión y Muerte?

 De la CRUZ a la LUZ. Sin mentirotas incoherentes y capirotes adorando a un "dios canalla" 

 

¿La Pasión y Muerte? De ninguna manera son divinas, ni sagradas. Son hechura de nuestras manos asesinas, como lo son las "crucifixiones" a que sometemos hoy a tantos hermanos nuestros. Son nuestra terrible respuesta al que viene a ayudarnos.

Nos lo escribió claramente Juan: "La luz verdadera, la que alumbra a todo hombre, estaba llegando al mundo. En el mundo estuvo y, aunque el mundo se hizo mediante ella, el mundo no la conoció. Vino a su casa, pero los suyos no la recibieron" (Jn 1,9).

Lo cuenta el mismo Jesús en la "parábola de los viñadores homicidas" (Mt 21,33). 

No existe una cruz redentora querida por Dios. Él aborrece el sufrimiento de su Hijo y de sus hijos. Existe el horror de la cruz con la que aplastamos al Justo, al Bueno, al Pacífico, en contra de la voluntad de Dios, para proteger -terrible y vergonzante paradoja- la Religión. (Los religiosos de hoy deberían meditar seriamente esta historia). 

Ante nuestra "libertad criminal", Dios pudo quitárnosla de un plumazo: "¿Crees que no puedo pedir ayuda a mi Padre que me enviaría doce legiones de ángeles?" (Mt 26,53). Hubiese sido la destrucción del hombre porque sin libertad dejamos de ser humanos. Su obra creadora hubiese fracasado. La respuesta no fue fulminarnos sino enseñarnos, cogernos de la mano. Y ahí entra la "pedagogía del Crucificado": "vencer el mal con abundancia de bien" (Rom 12,21).

Ante esa atrocidad de nuestra libertad deicida, Él certifica con su sangre el contenido de su predicación, incluso ante una muerte atroz: paz, amor, verdad,  bondad, perdón, fortaleza, oración, aceptación… Y se convirtió así en ejemplo, en camino, en luz y en fortaleza para tantos mártires posteriores y para todos los que hoy pretendemos seguirle.


La muerte del Señor no tiene ningún sentido expiatorio, ni salvífico, ni sacrificial, ni perdonador. Eso es colgarle a Dios nuestro crimen, como si Él nos exigiera la sangre de su Hijo para perdonar. ¡Qué atrocidad!

El Padre Bueno, que yo vislumbro, nos tiene perdonados desde la eternidad. Lo que quiere ("su voluntad") es que nos abramos a ese perdón, soltemos nuestros fardos y caminemos ligeros a su encuentro.

Él no busca "sacrificios ni ofrendas", sino adhesión a su Hijo, al Santo, al Modelo, porque esa adhesión nos lleva hasta la felicidad ofrecida, hasta nuestra Casa. ¿Cómo hemos podido quedarnos en el madero, fabricado por manos asesinas, y perder de vista la adhesión al Crucificado, a su doctrina, a sus actitudes, a su ejemplo? ¡Esto es lo que nos salva y no el madero!

La manida y mal interpretada frase: "El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mt 16,24 y Sinopt.), NO es invitación a un dolorido y sangriento sacrificio. Hemos exagerado hasta el extremo la "llamada al dolor y la sangre", al estilo de la religión judía, su obsesión por el pecado y sus pagos expiatorios. ¿Qué dios se alimenta de dolor y sangre? ¿Cómo pretendes pagar a la Gratuidad Infinita?

Con esas palabras, Jesús nos está llamando al equilibrio de nuestra parte animal, al abandono de los espejuelos, al lógico esfuerzo de la adhesión y el seguimiento, a la lucha por la felicidad real. Cualquier padre humano recomienda lo mismo. Y cualquiera que haga oración profunda sabe del "gozo de la adhesión" muy distante de lo que entendemos por cruz. ¿Dónde está, si no, la buena noticia?

Los humanos estamos programados para la felicidad, es irremediable que la persigamos. Lo dramático es que creamos -conscientes o inconscientes- que está en la satisfacción animal.

Por eso el Señor nos abre los ojos y nos señala el gozoso "camino de la felicidad auténticamente humana", la que nos llena y satisface plenamente. ¡Pregúntale a la Samaritana o a cualquier converso de verdad!

La pasión y muerte son el testimonio extremo y la coherente consecuencia final de un Camino, una Verdad y una Vida, la "Vida de Dios", que late en el corazón humano.

Contra esa liberadora y gozosa vida nueva se levanta -ayer como hoy- el "mal religioso" (cerrazón, complejidad, inmovilismo, fanatismo, coacción, violencia… "ni entran ni dejan entrar", ni viven ni dejan vivir), aliado entonces con el "mal político" (dominación e injusticia flagrante).

Su preciosísima sangre no nos salvó, se la arrancamos nosotros, asesinos, violentos, torturadores, ciegos...

Lo que nos salva es nuestra ADHESIÓN al Crucificado, real y concreta, aquí y ahora, hasta el punto de llegar a derramar -si llega el caso- hasta la última gota de nuestra sangre por comportarnos como Él, por imitar su modelo de humanidad, por abrazar la verdadera felicidad que nadie nos quitará.


¿Cómo no hemos acertado a comprender todo esto? Tiene razón el acusador de mi sueño: "Vosotros estáis con Cristo más para venderle que para comprarle".

Muchos se quedan en la sensibilidad y se estremecen imaginando el dolor de la cruz (cuanto más sangre peliculera mejor). Pero no profundizan en las lecciones que en ella nos dejó el Crucificado.

En la cruz existe un lúgubre ANVERSO: 

Es el instrumento de tortura abominable con que el "mal religioso" y la manipulada "masa ciega" condenan al Justo (una vez se mata a los profetas...). Convertir el patíbulo en "fetiche salvador" es pura idolatría. ¿Si lo hubiesen lanceado, adoraríamos una lanza o una metralleta en otro tiempo?

De este ANVERSO se deduce que no podemos ser promotores de atormentadas cruces, ni para nosotros mismos ni para los demás, sino sembradores de la dulzura, la paciencia y el perdón del Crucificado.

En este ANVERSO vemos, cara a cara, la crueldad y el dolor a que nos lleva la deshumanización. Y podemos oír al Crucificado gritarnos:

¡No sembréis el mundo de dolor! ¡Por aquí no! ¡NUNCA MÁS! (La  8ª Palabra). 

Sin embargo, la "mentalidad judía" de los primeros cristianos lo entendió justo al revés. Y ha ido goteando durante siglos por la interpretación literal, el inmovilismo acrítico y la coacción religiosa.

Repitiendo y repitiendo hemos llegado hasta hoy cantando la "expiación redentora" y la "feliz culpa", a pesar de que muchísimos católicos -clérigos y laicos- caminan ya, desde hace mucho tiempo, por la interpretación que estoy intentando balbucear. 

¡Cuánto necesitamos meditar esta realidad y olvidarnos del "dios sádico" que reclama "dolor y sangre" para perdonar y meritar!

Especialísima reflexión deberían hacer los religiosos, hacia dentro de sus propias Comunidades. ¿Te sientes feliz y en familia? ¿No has sufrido el autoritarismo, el juicio, el olvido o incluso el desprecio? ¿Los latigazos penitenciales no fue lo primero que te enseñaron? Y es que "nadie da lo que no tiene". Y la tradición está llenita de maestros inmisericordes.

¿Cómo no acertamos a ver en la cruz nuestra espeluznante obra torturadora, repetida a lo largo de los siglos con el mismo falso argumento: "la voluntad de Dios"? ¿Qué voluntad y qué dios?

Pero la Cruz tiene un REVERSO luminoso, que olvidamos: Es la "síntesis de los valores del Crucificado", de todo aquello por lo que se deja matar.

Por eso es el símbolo de los cristianos, el resumen de toda su doctrina. Por eso no puede llamarse cristiano el que porta o besa una cruz, se cree salvado, repite unos ritos, pero NO se conduce de acuerdo a los valores implícitos en ella.

Porque no es "el símbolo" lo que salva, sino "el testimonio" de lo que simboliza. La Resurrección probará que esa opción, esos valores, son el camino de la felicidad y triunfo definitivos.

Y le llamamos Redentor porque ciertamente nos redime de nuestra ceguera, de nuestros temores, de nuestra desesperanza, de nuestras torturas, de nuestro fracaso como seres humanos.

Su dolor resucitado, además de certificar "su Mensaje", es consuelo y esperanza para los que sufren, en cualquier época, bajo las garras del mal:

"No tengáis miedo de los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma" (Mt 10,28). "Como Él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella" (Heb 2,18).

El corazón maternal de Dios no podía renunciar a su deseo de hacernos humanos y felices. Ésa es la finalidad de la Creación, de la Encarnación y de la Redención. Ése es el regalo de "su Gratuidad".

Quien estúpidamente lo rechaza en esta vida tendrá que rehabilitarse en la otra, tendrá que hacer la dolorosa gimnasia de convertirse en humano y sufrir indeciblemente al darse cuenta de que rompió su décimo premiado y tiene que volver a empezar.

La posibilidad de ser feliz está indisolublemente ligada a la naturaleza humana. Un animal podrá estar satisfecho pero no feliz. Nadie que renuncie a la "imagen y semejanza", inmersa en su humanidad, podrá encontrar la felicidad.

Por eso "la parábola del hijo pródigo" -síntesis de todo el Evangelio- es una historia de gratuidad, libertad errada y felicidad recuperada: "volveré junto a mi padre" (Lc 15,18).

Ni salvados, ni redimidos… de esa manera que aprendimos, porque la redención no es la sangrienta teoría estática, abstracta, comercial y milagrera que nos explicaron.

La Redención -con mayúscula- es la fuerza dinámica del propio Cristo, encarnado, muerto y resucitado "para" nosotros y "por" nosotros.

Él es el Camino que hay que andar, la Verdad que hay que descubrir y la Vida que hay que desarrollar. Y no solo para alcanzar la felicidad de allá, sino la de acá, en la medida de nuestra capacidad.

El "mensaje de la Cruz" nos señala precisamente lo que hay que EVITAR para disminuir el dolor de este mundo (recuérdese la serpiente de bronce).

Pero llevamos siglos interpretando lo contrario: Hay que causarse y causar dolor para imitar a Cristo y redimirnos.

La LUZ y no la CRUZ es lo que hay que IMITAR, precisamente para hacer desaparecer las cruces de este pérfido mundo.

¡La Redención viva, actual y verdadera, está plantada por Cristo, es el mismo Cristo! Pero somos nosotros los que tenemos que hacerla realidad en nuestra persona, en nuestro tiempo y en nuestro mundo.

Es delante de nosotros donde está la Redención y no detrás, porque delante de nosotros camina el siempre Primero. En sus huellas -traspasadas por nuestro clericalismo- está la Salvación, es decir, nuestra Humanización y no los disparates que nos enseñan todavía. Ahí están las dinámicas "parábolas del reino" para ratificarlo.

Ni salvados, ni redimidos… de esa manera que nos contaron, pero SÍ iluminados, amados, llamados, atraídos, esperados y abrazados. ¡Esa es la Redención real, concreta, viva y actuante! ¿No es para volverse loco de alegría y pegar el aleluya hasta en el carnet de identidad?

Y, si hablamos de salvación eterna, debo "dar razón de mi esperanza" (1Pe 3,15):

¡SÍ, salvados, salvados TODOS desde la eternidad porque el Amor no puede hacer otra cosa que salvar!

El Señor vino a cogernos de la mano para guiarnos por la LUZ y alejarnos del DOLOR, para que consigamos la salvación en primera convocatoria y vivamos felices.

Esa es la "buena noticia", lo totalmente real, entendible y veraz porque coincide con lo que intuye nuestro corazón, sin tanto "laberinto" como algunos "profesionales de la religión" han construido.

De ti depende caminar el Camino de tu redención, de tu salvación, de tu humanización y dejarte acompañar -como en Emaús- por la dulce compañía del Amor mismo.

Es la adhesión a la LUZ la que nos hace hijos, no la cruz. Eres tú el que has de abrirte a recibir esa Luz, caminar hacia tu plenitud (redención) y no dejar de buscar ese Amor gratuito que te llama "hijo".

También puedes alejarte, despreciar "tu herencia" y hacer la experiencia de sobrevivir pasando hambre entre los puercos.

¡Es cosa tuya! Ése es el misterio de la libertad. El Camino está trazado y bien iluminado, de ti depende tomarlo o rechazarlo. Cuando decidas tomarlo, Él siempre te acompañará con abrazos florecidos y besos horneados.

"Yo, el Señor, te he llamado para la justicia, te he tomado de la mano y te he formado, te he puesto como alianza del pueblo y LUZ de las naciones, para abrir los ojos a los ciegos, para sacar a los presos de la cárcel, del calabozo a los que viven en tinieblas…

Guiaré a los ciegos por caminos que no conocen, por senderos ignorados los haré caminar; ante ellos cambiaré las tinieblas en LUZ, y en llano el terreno pedregoso. Todo esto es lo que voy a hacer y lo haré sin falta" (Is 42,6).




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28 julio, 2025

"Los demonios también creen y tiemblan" (St 2,19)

 ¡NO basta creer!

 

Balbucearé algunos argumentos para evidenciar que la "fe en un dios" NO BASTA para vivir en religión, que no es otra cosa que VIVIR la UNIÓN de Dios con su criatura (re-ligare). Sea cual sea la concreta religión en que milites. 

Si no fuera así, los creyentes con más fe serían los demonios, como se expresa en el título.

La "fragilidad del ser humano" es la causa de una "fe en dios o dioses" que, con sus poderes sobrehumanos, puedan auxiliar la precariedad humana. Es lo que llamo "religión instintiva", tan antigua como el hambre. 

Por desgracia, nuestra doctrina católica no ha sabido despegarse de ese primitivismo para pasar a predicar claramente la "AUTONOMÍA del ser humano" en la solución de sus problemas y necesidades, como ya se lee en el Génesis (Gn 1,28). 

Lo que se ha hecho es suavizar la temerosa imagen de Júpiter y sustituirla por el bondadoso Corazón de Jesús. Pero ambos personajes son tratados como "poderosos recursos" para nuestras necesidades humanas.

A ambos se acude para PEDIR que solucione y socorra nuestra fragilidad. Y, con ello, se nos mantiene congelados en la prehistórica "religión instintiva". 

Sé que esto escandaliza a muchos, pero es la REALIDAD de nuestra religión. Si no nos hacemos conscientes de ello, seguiremos en las antípodas de la LUZ de Jesús, y su vida habrá sido un fracaso, pura imaginación redentora. 

No entro hoy en el absurdo de la existencia de los demonios ultra temporales (de lo que ya escribí) porque más allá del tiempo solo reina la LUZ del Creador sin posible sombra y, menos, oposición política. Y, todavía menos, la idea sádica de unos supuestos "demonios en libertad por este mundo" para modernos los zapatos y hacernos caer. 

Fue una arcaica explicación del MAL del mundo, de la que excuso a Santiago porque vivió y escribió en OTRA ÉPOCA.

Los que en ESTA ÉPOCA mantienen la "existencia de demonios circulantes e infiernos eternos" son merecedores de ruedas de molino, sin la menor duda.

Los que SÍ existen son muchos "demonios temporales", aquellos humanos que oscurecen o anulan la LUZ de la "imagen y semejanza" que llevamos dentro y que Jesús nos vino a recordar. 

Voy a resumir algunas de las CAUSAS de "errores tradicionales" que nos alejan del Camino, la Verdad y la Vida REALES. Instalarse en una "imaginería religiosa" y conformarse con "placebos piadosos" es pura IDOLATRÍA. Hay que buscar, avanzar y madurar individual y eclesialmente. 

Como he repetido tantas veces, el Evangelio NO se puede entender leyendo la LITERALIDAD, sino buscando el MENSAJE coherente del conjunto.

No es fácil desprenderse del MARCO cultural y religioso judío, en el que nadaban los escritores sagrados y las comunidades de los evangelistas que sintetizaron palabras y relatos.

Muchos piensan (así les formaron) que el Evangelio es una "foto finish" de la vida y mensaje de Jesús que, con herética exageración, han canonizado como "palabra de dios".

Pero el Evangelio es más bien un "collage" de palabras, escenas, recuerdos y cuentos, que hay que interpretar para captar el MENSAJE real con imprescindible COHERENCIA.

Muchas de las palabras atribuidas a Jesús, NO son de Jesús. Pueden ser, incluso, contradictorias o adaptadas, por los escritores o sus comunidades, a su mentalidad judía.

Eso ocurre también con el Padrenuestro (Lc 11,1), donde la palabra más auténtica es PADRE. Pero lo del "perdón", por ejemplo, es contradictorio.

Os ruego que meditéis despacio este Padrenuestro, que se reza en la Liturgia de la Misa que publico semanalmente, y que está actualizado por nuestro ilustre teólogo Andrés Torres Queiruga.

Este Padrenuestro es mucho más coherente con el auténtico MENSAJE de Jesús que el literal heredado y congelado:

 

Padre y Madre nuestra

en quien somos y vivimos.

Santificado sea tu nombre.

Venga a nosotros tu reino.

Hágase tu voluntad

en la tierra como en el cielo.

 

Tú nos das hoy

nuestro pan de cada día.

Tú perdonas nuestros pecados

y nosotros queremos perdonar

a los que nos ofenden.

No nos dejes caer en la tentación.

Y líbranos del mal. Amén.


Muchos identifican el Padrenuestro como ejemplo de "oración de petición". Y se equivocan, porque la "coherencia del collage evangélico" es imprescindible en el MENSAJE real de Jesús.

Puede parecer una fórmula de petición -generalizada en la época- pero es en realidad una "aspiración profunda" del corazón ("venga a nosotros tu reino", por ejemplo). 

Si, antes del Evangelio del Padrenuestro, se lee el "mito bíblico de Sodoma y Gomorra" (Gn 18,20), pues ya tenemos la inmersión de los creyentes en un supuesto "dios marioneta", movido por los tirones de nuestras peticiones. Lo que se ratifica al leer la continuación del Evangelio con la parábola del "amigo impertinente" (Lecturas oficiales del 17º Domingo C).

De ahí mi insistencia en que no todo se puede leer al Pueblo llano, que oye la literalidad. Es imprescindible la cuidada SELECCIÓN de los textos de la Misa y la INTERPRETACIÓN de celebrante.

Y ahí hacemos agua, porque la mayoría de Curas y Obispos (les escucho continuamente) siguen sus "antiguas rutinas formativas", adosadas a la literalidad, faltas de realismo y llenas de abstracciones buenistas. No es extraño que cada día haya más abandonos.

La "Gran Marioneta" , que cito con frecuencia, es el ÍDOLO en que creen una mayoría, incluso la Jerarquía.

Se ha instaurado en nuestra Iglesia por el INMOVILISMO bíblico, la interpretación LITERAL y la MITOLOGÍA infantil de nuestra formación y ritos oficiales. ¿A esto le llaman evangelizar?

Un ejemplo: He leído la noticia de que un Cardenal (no citaré el nombre) recordaba sus sensaciones tras la primera noche del cónclave: "¡Es Francisco, que está diciéndole al Espíritu Santo que sople, que sople!"...

Con esos mimbres podéis comprender que nuestra Iglesia ha salido del "politeísmo" con Abraham, pero se ha hundido con el tiempo en una "polícroma mitología idolátrica" sin visos de conversión.

Ya no se condena por afirmar que la tierra es redonda, ni se quema a las supuestas brujas o herejes, pero se nos mantiene en ignorancia infantil y erráticas incoherencias, por imposición de prepotentes líderes que se han apropiado de la luz y el poder de Dios.

Por eso es más necesaria que nunca la resurrección de los fieles, desde abajo, con una auténtica y profunda espiritualidad, enraizada en la "oración de impregnación", que no es otra cosa que sumergirse en el "Dios Torrente" que te habita y se derrama TODO sobre todos y siempre.

Por ahí se llega a la certeza de que "Dios lo tiene TODO perdonado y concedido desde la eternidad" (Él no vive en el tiempo) y que lo que falta es nuestra "libre determinación de actuar y progresar" en el TIEMPO, con la LUZ real y coherente del Evangelio, bien entendido e interpretado, mirando la REALIDAD de los muchos "signos de los tiempos" que se nos han dado desde el "illo témpore".

Nuestra obstinada sumisión a las teorías del PERDÓN, EXPIACIÓN y JUSTIFICACIÓN judaicas, que se nos imponen, son las "ruedas de molino" que nos mantienen hundidos en la prehistoria religiosa.

"Habéis oído que antes se dijo..., pero yo os digo"... (Mt 5, 38)

"Porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo: <<Oiréis y no entenderéis. Mirareis pero no veréis. Porque la mente de este pueblo está embotada, tienen tapados los oídos y los ojos cerrados. Para no ver nada con sus ojos, ni oír con sus oídos. Ni entender con la mente. Ni convertirse a mí>>" (Mt 13,13).

No basta, hermanos míos queridos, creer en un Dios único.

No basta leer la Biblia literalmente sin seleccionar los textos (como se hace en nuestras iglesias).

No basta seguir sin rechistar a guías ciegos, porque ellos ni tienen, ni dan la salvación.

No basta tener buena voluntad y practicar ritos.

Hay que descubrir al "Dios verdadero" dentro de tu corazón y relacionarte con Él en coherencia, en espíritu y verdad. Hay que buscar y no conformarse con columpiarse en las rutinas piadosas.

Hay que rechazar los "multicolores ídolos" que se han ido metiendo en nuestra religión, falseándola y destrozándola. Si te parece que exagero, visita cualquier iglesia católica y párate a pensar.

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24 enero, 2025

Empecatados desde la cuna

¿Nos atreveremos a usar la inteligencia y salir del sometimiento clerical?


La Sicología moderna afirma que para conseguir la madurez de un ser humano lo primero es afianzar su AUTOESTIMA, basada en el conocimiento de uno mismo y la solidez del YO.

(¡Cuánto daño hacen los que desprestigian el YO y lo confunden con el ego!).

Porque "la persona humana" se asienta sobre tesoros inconmensurables que muchos no logran descubrir y, por tanto, desarrollar y disfrutar.

La mayoría de desequilibrios, depresiones, caretas e inmadureces proceden de esa falta de AUTOESTIMA en la infancia o por el posterior descuido en descubrir y cultivar lo que somos de fondo.

De ahí que la herramienta esencial para EDUCAR empiece con "el reconocimiento de lo positivo en el niño" y no en las barreras normativas. No podía ser de otra manera, puesto que estamos creados a "imagen y semejanza". Pero de esto no deben estar convencidos los religiosos que nos gobiernan.

Formateados con "ideologías rígidas y obsoletas" (no puedo llamarlas teología) es imposible que cambien. Insisto siempre en que nuestros Curas deberían formarse en SICOLOGÍA, la moderna herramienta de la interioridad y humanización. ¿O ignoran que Jesús llegó para humanizarnos?

¿Cómo pretenderán ser "pescadores de hombres" con tanto diploma en normas y pecados? Confundieron su vocación con la de "guardias de tráfico". Y así les va a muchos… frustrados, deprimidos, desencantados, cuando no instintivos o claudicantes…


Al parecer no hay manera de salir de la "ideología de pecado" de nuestros ancestros judíos. A ellos les pesó como un plomo por el basamento en la "ofensa a dios" y el TEMOR a la venganza del "dios colérico". Todo esto estructurado en las sabias "normas socio políticas" de Moisés, convertidas en mandato y alianza divinos.

Pues ahí estamos todavía, obligados a superar el PECADO con sacrificios, expiaciones y confesiones, ahora incruentos, a imitación de nuestros abuelos del AT. Sin FE alguna (sustituida por mucha palabrería) en la MISERICORDIA infinita y eterna, que nos garantiza la amistad de Dios siempre, siempre, siempre. El Dios verdadero no puede DAR otra cosa que lo que ES. (¡Pero si esto lo estudian en 1º de Teología!)

Lo que llamamos PECADO no es más que ERROR humano que, con seguridad tendrá nefastas consecuencias en este mundo por la "ley de la causalidad" (a tal causa tal consecuencia).

¿Meditamos unos minutos sobre este tema? Te pondré frente a algunas preguntas.

- ¿Olvidaremos, por fin, el esperpento del "pecado original" que ha de perdonarse a los nacidos de mujer?

- ¿Nos hemos percatado de la "imagen tétrica y cruel" de un Padre que condena y expulsa a sus primeros hijos? ¿Y, para colmo, condena a todos los hijos de sus hijos por los siglos de los siglos?

¡Ni el más infame de los humanos haría tal cosa! ¿En qué mentes enfermas caben estas teorías hoy? Claro que el dislate lo arregla el Cura con un poco de agua y un teatrillo festero...

- ¿Cómo cuadra todo eso con el "amor de Dios" del que nos quieren convencer? ¿Cómo se puede amar a un "dios mezquino y salvaje"? (El ateísmo es una reacción sicológica de huida a tanto disparate curial...).

- ¿Cómo nos han manipulado, desde que nacemos, con esas "doctrinas tóxicas e irracionales" para que seamos capaces de perder la cabeza a cambio de una estética ritual y unos guías vestidos de carnaval?

- ¿Sabrá el clericalismo rancio, que se niega a evolucionar, lo que es la lógica y la coherencia del ser humano?

- ¿Se habrán dado cuenta de que están destruyendo el Catolicismo, desde dentro, con sus "doctrinas tóxicas" de obligado acatamiento?

¿Por qué sumamos errores históricos de muchos santos y próceres para convertirlos en inamovibles, en vez de abrirnos a la "permanente y dinámica LUZ del Espíritu"?

¡Pero si lo dice Jesús explícitamente! "Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir" (Jn 16,12).

- El "pecado original" (lavable por el bautismo) en una "fake new", como dicen ahora, tan irracional como ridícula.

Aunque lo más ridículo es que se mantenga todavía como justificación de un Sacramento, el primero y principal.

- El BAUTISMO del SEÑOR fue, es y será un "bautismo de conversión y compromiso" que debiera ser ejemplo y fundamento de nuestros bautismos actuales: COMPROMISO, ADHESIÓN y ELECCIÓN del Camino, Verdad y Vida de Jesús. Repito: "de Jesús", no del clericalismo ciego que nos haya tocado soportar en nuestras vidas...

- ¿Habéis pensado que la "elección y compromiso" de nuestro Bautismo no es más que la "respuesta a la manifestación de Dios" a todo recién nacido?

¡Tú eres mi Hijo, el amado; en ti me complazco! (Lc 3,22).

Todavía beso con pasión la gran pila de piedra donde me bautizaron y donde me comprometí -por delegación entonces- con el Camino de la LUZ.

Allí no dejé ningún pecado, sino "mi compromiso libre" de cultivar -tras el ejemplo de Jesús- "el tesoro de dones y gracias" que Dios regala a toda criatura humana.

- Por desgracia, los "gurús encumbrados" de mi Iglesia se empeñan en arrastrarme por el barro del PECADO, la CULPA, los SACRIFICIOS, los PAGOS y la MAGIA... No hay más que escuchar las manifestaciones de la Misa oficial, irracional y antievangélica...

Prefiero y preferiré siempre sumergirme en las palabras del Padre: "Tú eres mi hijo amado, en ti me complazco", aunque sé que soy frágil, caduco, ínfimo y efímero, pero HIJO, nunca pecador, ni rechazado...



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Si no hay COHERENCIA, no hay VERDAD.

  "No te dejes engañar, sumérgete en la sabiduría de adentro"   Es de noche, el silencio me arropa e ilumina. La visión de mi ...