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25 marzo, 2026

¿Por qué la Pasión y Muerte?

 De la CRUZ a la LUZ. Sin mentirotas incoherentes y capirotes adorando a un "dios canalla" 

 

¿La Pasión y Muerte? De ninguna manera son divinas, ni sagradas. Son hechura de nuestras manos asesinas, como lo son las "crucifixiones" a que sometemos hoy a tantos hermanos nuestros. Son nuestra terrible respuesta al que viene a ayudarnos.

Nos lo escribió claramente Juan: "La luz verdadera, la que alumbra a todo hombre, estaba llegando al mundo. En el mundo estuvo y, aunque el mundo se hizo mediante ella, el mundo no la conoció. Vino a su casa, pero los suyos no la recibieron" (Jn 1,9).

Lo cuenta el mismo Jesús en la "parábola de los viñadores homicidas" (Mt 21,33). 

No existe una cruz redentora querida por Dios. Él aborrece el sufrimiento de su Hijo y de sus hijos. Existe el horror de la cruz con la que aplastamos al Justo, al Bueno, al Pacífico, en contra de la voluntad de Dios, para proteger -terrible y vergonzante paradoja- la Religión. (Los religiosos de hoy deberían meditar seriamente esta historia). 

Ante nuestra "libertad criminal", Dios pudo quitárnosla de un plumazo: "¿Crees que no puedo pedir ayuda a mi Padre que me enviaría doce legiones de ángeles?" (Mt 26,53). Hubiese sido la destrucción del hombre porque sin libertad dejamos de ser humanos. Su obra creadora hubiese fracasado. La respuesta no fue fulminarnos sino enseñarnos, cogernos de la mano. Y ahí entra la "pedagogía del Crucificado": "vencer el mal con abundancia de bien" (Rom 12,21).

Ante esa atrocidad de nuestra libertad deicida, Él certifica con su sangre el contenido de su predicación, incluso ante una muerte atroz: paz, amor, verdad,  bondad, perdón, fortaleza, oración, aceptación… Y se convirtió así en ejemplo, en camino, en luz y en fortaleza para tantos mártires posteriores y para todos los que hoy pretendemos seguirle.


La muerte del Señor no tiene ningún sentido expiatorio, ni salvífico, ni sacrificial, ni perdonador. Eso es colgarle a Dios nuestro crimen, como si Él nos exigiera la sangre de su Hijo para perdonar. ¡Qué atrocidad!

El Padre Bueno, que yo vislumbro, nos tiene perdonados desde la eternidad. Lo que quiere ("su voluntad") es que nos abramos a ese perdón, soltemos nuestros fardos y caminemos ligeros a su encuentro.

Él no busca "sacrificios ni ofrendas", sino adhesión a su Hijo, al Santo, al Modelo, porque esa adhesión nos lleva hasta la felicidad ofrecida, hasta nuestra Casa. ¿Cómo hemos podido quedarnos en el madero, fabricado por manos asesinas, y perder de vista la adhesión al Crucificado, a su doctrina, a sus actitudes, a su ejemplo? ¡Esto es lo que nos salva y no el madero!

La manida y mal interpretada frase: "El que quiera venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame" (Mt 16,24 y Sinopt.), NO es invitación a un dolorido y sangriento sacrificio. Hemos exagerado hasta el extremo la "llamada al dolor y la sangre", al estilo de la religión judía, su obsesión por el pecado y sus pagos expiatorios. ¿Qué dios se alimenta de dolor y sangre? ¿Cómo pretendes pagar a la Gratuidad Infinita?

Con esas palabras, Jesús nos está llamando al equilibrio de nuestra parte animal, al abandono de los espejuelos, al lógico esfuerzo de la adhesión y el seguimiento, a la lucha por la felicidad real. Cualquier padre humano recomienda lo mismo. Y cualquiera que haga oración profunda sabe del "gozo de la adhesión" muy distante de lo que entendemos por cruz. ¿Dónde está, si no, la buena noticia?

Los humanos estamos programados para la felicidad, es irremediable que la persigamos. Lo dramático es que creamos -conscientes o inconscientes- que está en la satisfacción animal.

Por eso el Señor nos abre los ojos y nos señala el gozoso "camino de la felicidad auténticamente humana", la que nos llena y satisface plenamente. ¡Pregúntale a la Samaritana o a cualquier converso de verdad!

La pasión y muerte son el testimonio extremo y la coherente consecuencia final de un Camino, una Verdad y una Vida, la "Vida de Dios", que late en el corazón humano.

Contra esa liberadora y gozosa vida nueva se levanta -ayer como hoy- el "mal religioso" (cerrazón, complejidad, inmovilismo, fanatismo, coacción, violencia… "ni entran ni dejan entrar", ni viven ni dejan vivir), aliado entonces con el "mal político" (dominación e injusticia flagrante).

Su preciosísima sangre no nos salvó, se la arrancamos nosotros, asesinos, violentos, torturadores, ciegos...

Lo que nos salva es nuestra ADHESIÓN al Crucificado, real y concreta, aquí y ahora, hasta el punto de llegar a derramar -si llega el caso- hasta la última gota de nuestra sangre por comportarnos como Él, por imitar su modelo de humanidad, por abrazar la verdadera felicidad que nadie nos quitará.


¿Cómo no hemos acertado a comprender todo esto? Tiene razón el acusador de mi sueño: "Vosotros estáis con Cristo más para venderle que para comprarle".

Muchos se quedan en la sensibilidad y se estremecen imaginando el dolor de la cruz (cuanto más sangre peliculera mejor). Pero no profundizan en las lecciones que en ella nos dejó el Crucificado.

En la cruz existe un lúgubre ANVERSO: 

Es el instrumento de tortura abominable con que el "mal religioso" y la manipulada "masa ciega" condenan al Justo (una vez se mata a los profetas...). Convertir el patíbulo en "fetiche salvador" es pura idolatría. ¿Si lo hubiesen lanceado, adoraríamos una lanza o una metralleta en otro tiempo?

De este ANVERSO se deduce que no podemos ser promotores de atormentadas cruces, ni para nosotros mismos ni para los demás, sino sembradores de la dulzura, la paciencia y el perdón del Crucificado.

En este ANVERSO vemos, cara a cara, la crueldad y el dolor a que nos lleva la deshumanización. Y podemos oír al Crucificado gritarnos:

¡No sembréis el mundo de dolor! ¡Por aquí no! ¡NUNCA MÁS! (La  8ª Palabra). 

Sin embargo, la "mentalidad judía" de los primeros cristianos lo entendió justo al revés. Y ha ido goteando durante siglos por la interpretación literal, el inmovilismo acrítico y la coacción religiosa.

Repitiendo y repitiendo hemos llegado hasta hoy cantando la "expiación redentora" y la "feliz culpa", a pesar de que muchísimos católicos -clérigos y laicos- caminan ya, desde hace mucho tiempo, por la interpretación que estoy intentando balbucear. 

¡Cuánto necesitamos meditar esta realidad y olvidarnos del "dios sádico" que reclama "dolor y sangre" para perdonar y meritar!

Especialísima reflexión deberían hacer los religiosos, hacia dentro de sus propias Comunidades. ¿Te sientes feliz y en familia? ¿No has sufrido el autoritarismo, el juicio, el olvido o incluso el desprecio? ¿Los latigazos penitenciales no fue lo primero que te enseñaron? Y es que "nadie da lo que no tiene". Y la tradición está llenita de maestros inmisericordes.

¿Cómo no acertamos a ver en la cruz nuestra espeluznante obra torturadora, repetida a lo largo de los siglos con el mismo falso argumento: "la voluntad de Dios"? ¿Qué voluntad y qué dios?

Pero la Cruz tiene un REVERSO luminoso, que olvidamos: Es la "síntesis de los valores del Crucificado", de todo aquello por lo que se deja matar.

Por eso es el símbolo de los cristianos, el resumen de toda su doctrina. Por eso no puede llamarse cristiano el que porta o besa una cruz, se cree salvado, repite unos ritos, pero NO se conduce de acuerdo a los valores implícitos en ella.

Porque no es "el símbolo" lo que salva, sino "el testimonio" de lo que simboliza. La Resurrección probará que esa opción, esos valores, son el camino de la felicidad y triunfo definitivos.

Y le llamamos Redentor porque ciertamente nos redime de nuestra ceguera, de nuestros temores, de nuestra desesperanza, de nuestras torturas, de nuestro fracaso como seres humanos.

Su dolor resucitado, además de certificar "su Mensaje", es consuelo y esperanza para los que sufren, en cualquier época, bajo las garras del mal:

"No tengáis miedo de los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma" (Mt 10,28). "Como Él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella" (Heb 2,18).

El corazón maternal de Dios no podía renunciar a su deseo de hacernos humanos y felices. Ésa es la finalidad de la Creación, de la Encarnación y de la Redención. Ése es el regalo de "su Gratuidad".

Quien estúpidamente lo rechaza en esta vida tendrá que rehabilitarse en la otra, tendrá que hacer la dolorosa gimnasia de convertirse en humano y sufrir indeciblemente al darse cuenta de que rompió su décimo premiado y tiene que volver a empezar.

La posibilidad de ser feliz está indisolublemente ligada a la naturaleza humana. Un animal podrá estar satisfecho pero no feliz. Nadie que renuncie a la "imagen y semejanza", inmersa en su humanidad, podrá encontrar la felicidad.

Por eso "la parábola del hijo pródigo" -síntesis de todo el Evangelio- es una historia de gratuidad, libertad errada y felicidad recuperada: "volveré junto a mi padre" (Lc 15,18).

Ni salvados, ni redimidos… de esa manera que aprendimos, porque la redención no es la sangrienta teoría estática, abstracta, comercial y milagrera que nos explicaron.

La Redención -con mayúscula- es la fuerza dinámica del propio Cristo, encarnado, muerto y resucitado "para" nosotros y "por" nosotros.

Él es el Camino que hay que andar, la Verdad que hay que descubrir y la Vida que hay que desarrollar. Y no solo para alcanzar la felicidad de allá, sino la de acá, en la medida de nuestra capacidad.

El "mensaje de la Cruz" nos señala precisamente lo que hay que EVITAR para disminuir el dolor de este mundo (recuérdese la serpiente de bronce).

Pero llevamos siglos interpretando lo contrario: Hay que causarse y causar dolor para imitar a Cristo y redimirnos.

La LUZ y no la CRUZ es lo que hay que IMITAR, precisamente para hacer desaparecer las cruces de este pérfido mundo.

¡La Redención viva, actual y verdadera, está plantada por Cristo, es el mismo Cristo! Pero somos nosotros los que tenemos que hacerla realidad en nuestra persona, en nuestro tiempo y en nuestro mundo.

Es delante de nosotros donde está la Redención y no detrás, porque delante de nosotros camina el siempre Primero. En sus huellas -traspasadas por nuestro clericalismo- está la Salvación, es decir, nuestra Humanización y no los disparates que nos enseñan todavía. Ahí están las dinámicas "parábolas del reino" para ratificarlo.

Ni salvados, ni redimidos… de esa manera que nos contaron, pero SÍ iluminados, amados, llamados, atraídos, esperados y abrazados. ¡Esa es la Redención real, concreta, viva y actuante! ¿No es para volverse loco de alegría y pegar el aleluya hasta en el carnet de identidad?

Y, si hablamos de salvación eterna, debo "dar razón de mi esperanza" (1Pe 3,15):

¡SÍ, salvados, salvados TODOS desde la eternidad porque el Amor no puede hacer otra cosa que salvar!

El Señor vino a cogernos de la mano para guiarnos por la LUZ y alejarnos del DOLOR, para que consigamos la salvación en primera convocatoria y vivamos felices.

Esa es la "buena noticia", lo totalmente real, entendible y veraz porque coincide con lo que intuye nuestro corazón, sin tanto "laberinto" como algunos "profesionales de la religión" han construido.

De ti depende caminar el Camino de tu redención, de tu salvación, de tu humanización y dejarte acompañar -como en Emaús- por la dulce compañía del Amor mismo.

Es la adhesión a la LUZ la que nos hace hijos, no la cruz. Eres tú el que has de abrirte a recibir esa Luz, caminar hacia tu plenitud (redención) y no dejar de buscar ese Amor gratuito que te llama "hijo".

También puedes alejarte, despreciar "tu herencia" y hacer la experiencia de sobrevivir pasando hambre entre los puercos.

¡Es cosa tuya! Ése es el misterio de la libertad. El Camino está trazado y bien iluminado, de ti depende tomarlo o rechazarlo. Cuando decidas tomarlo, Él siempre te acompañará con abrazos florecidos y besos horneados.

"Yo, el Señor, te he llamado para la justicia, te he tomado de la mano y te he formado, te he puesto como alianza del pueblo y LUZ de las naciones, para abrir los ojos a los ciegos, para sacar a los presos de la cárcel, del calabozo a los que viven en tinieblas…

Guiaré a los ciegos por caminos que no conocen, por senderos ignorados los haré caminar; ante ellos cambiaré las tinieblas en LUZ, y en llano el terreno pedregoso. Todo esto es lo que voy a hacer y lo haré sin falta" (Is 42,6).




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22 septiembre, 2025

Padre nuestro… Falsificado sea tu nombre

 "Acordaos de la mujer de Lot" (Lc 17,32)

 

¿Te has preguntado cuáles son las incoherencias que envenenan nuestra Iglesia? Me refiero a la Jerárquica, la Oficial, la que debería alimentarnos según el mandato evangélico: "Apacienta mis ovejas". Pero nos confunden más que orientan.

De ahí el título de esta meditación: Falsificación del Abba revelado por Jesús y por la inhabitación divina. 

Inmovilismo suicida en vez de camino de salvación, es decir, de humanización evolutiva. Buscar la SEGURIDAD doctrinal y piadosa en la parálisis, en una estatua inmóvil mirando atrás, es de ceguera absoluta. Todo Camino está hecho de pisadas que avanzan.

Una pincelada inicial: 

Hace muy poquito el recién estrenado Papa León clamaba contra la IDOLATRÍA: "Estos ídolos, decía, son muy diversos: dinero, éxito, poder, prestigio, sexo, tranquilidad, felicidad a toda costa". 

Pero si, menos el sexo (nos gobiernan célibes, dicen), todo lo demás son objetivos reales de nuestra Iglesia. Si estamos manipulados y amenazados por una "secular maquinaria publicitaria" en búsqueda de "prestigio" (somos los buenos, los verdaderos, los elegidos, el Espíritu Santo dirige la Iglesia, fuera de la Iglesia no hay salvación, etc.). ¡Puro Marketing angelical! 


Si han usurpado el "poder divino" y en su nombre nos someten y quitan la libertad, incluso la de pensar… Pero se insiste en la publicidad de que Jesús vino a liberarnos.

Si estamos inundados de "ídolos palpables" y de "ideologías idolátricas" que se enseñan como doctrina y se imponen como piedad… No hay más que entrar en cualquier iglesia o asistir a cualquier misa. 

Si nuestros "clérigos reinantes" se comportan como los escribas y fariseos a los que se enfrentó Jesús... 

En cuanto al evidente INMOVILISMO, además de la bíblica cita de Lucas, añadiré la de un sabio más actual: "Locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar que se produzcan resultados diferentes" (Albert Einstein). 


En mi reflexión del pasado 22º Domingo T.O. sobre la parábola de "los invitados que buscan los primeros puestos" (Lc 14,7) escribí este esquema que ratifica la "incoherencia institucional" en que estamos ahogándonos.

La síntesis del evangelio de este domingo es fácil: HUMILDAD y GRATUIDAD, valores esenciales del Cristianismo.

El problema es la "esquizofrenia de los guías evangelizadores" que nos escandalizan permanentemente. 

Por desgracia, una mayoría de católicos se conforman con las "rutinas", el "cumplo y miento" y el "si bwana", que son las bases de la relación Iglesia-Fieles. Para más inri, a esa mentira la llaman "fe católica". Veámoslo.


HUMILDAD: Además de los "fraudes de humildad", como la timidez o el postureo, hay que ver las "contradicciones a la humildad" de quienes deberían ser ejemplo. 

¿Quiénes ocupan permanentemente los primeros puestos? Pero si parecen gallos en el palo más alto del gallinero...

¿Quiénes se llaman no ilustres, sino ilustrísimas?

¿Quiénes se presentan ante el mundo con corona, cetro, trono, anillo cortesano y escudo nobiliario?

¿Quiénes dicen tener en posesión la Paloma y someten en su nombre? La iconografía les delata.

A este pobre "garrapateador de meditaciones" no le importa que se aposenten en lo alto y se sientan excelsos. Lo que me hiere es que contravengan el Evangelio, se desprestigien y, desde sus alturas, quieran quebrar mi conciencia y someterla.

¿Pueden evangelizar quienes contradicen el Evangelio? 

Seguro que los hay muy humildes en su fuero interno, pero su apariencia oficial y su prepotencia institucional contradice cualquier buena intención. ¿Qué pasará cuando llegue el Anfitrión? 

"Muchos son los altivos e ilustres, pero él revela sus secretos a los humildes"

"Al revés, cuando te conviden, vete a sentarte en el último puesto, para que, cuando venga el que te convidó, te diga: Amigo, sube más arriba"

Los "clérigos reinantes" ya no pueden subir más arriba. Ellos se han instalado en la cúspide.


GRATUIDAD: Nadie negará que Jesús la recomienda en las "relaciones con los otros". 

Muchos nos relacionamos pensando en la "utilidad de esa relación": En qué nos podrá ayudar, recomendar, suministrar, defender, invitar, comprar, etc. Confieso que así pensé en mi interior durante mucho tiempo. 

Con todo, eso no es lo más grave. Puro egoísmo humano, nada más. 

Lo inaudito, escandaloso y aberrante es que nuestra "relación oficial con Dios" sea interesada y utilitarista. Puro egoísmo, inconsciencia e ignorancia, inducidas u obligadas por formadores, liturgistas y guías. 

Nos relacionamos con un "dios de la manga" (un ídolo inexistente) al que insistimos en tirar de la manga para que nos conceda, sane, redima, perdone y nos lleve al cielo. 

Toda la liturgia oficial y la piedad popular están basadas en esas súplicas, peticiones, sacrificios e insistencias en que "Dios se mueva y nos asista". 

Tratamos al Padre como a un "dios vaca lechera" al que hay que ordeñar. 
Nos arrodillamos, no para sumergirnos e inundarnos de Dios, sino para conseguir algo.

¿Si Jesús predicó la "gratuidad entre los hombres", será que el Abba, que Él nos reveló, es contrario a esa GRATUIDAD y exige que le arranquemos los favores con insistentes súplicas? 

Nuestro Catolicismo es al tronco del Cristianismo, ahí hemos hecho nuestro nido para ser evangelizados y apoyados. Pero la verdad es que gran parte de la "doctrina oficial actual", herida por su historia, ha apostatado de Cristo. 

"Dios lo tiene TODO concedido y perdonado desde la eternidad". ¿A cuántos Curas, Obispos o Papas has oído esta afirmación rotunda? 

No necesitas pedir nada, solo adherirte al Abba de Jesús y ser fiel a la "imagen y semejanza" con que te crearon. Cuya plenitud es justamente la finalidad de la vida. Ser tú mismo, desarrollando todos tus talentos, es el "fin de la vida". Sin tanto andamiaje clerical con que nos han ocultado lo esencial.

NADA, absolutamente nada, conseguirás con tus súplicas y peticiones, salvo el básico y bien intencionado acercarte a un prístino "dios desconocido". Pablo ya intentó sacar a los griegos de esa ignorancia. Pero los católicos de hoy no hemos avanzado gran cosa. 

El mundo se rige por la AUTONOMÍA y LIBERTAD del ser humano, a quién el Creador delegó la administración de este Planeta. 

Pierdes el tiempo con "jornadas de ayuno y oración", con "rogativas" para conseguir lluvia, salud, buena cosecha o cualquiera otra necesidad humana. 

Dios no necesita tus peticiones para remar a nuestro favor. Así está construida la Creación entera, con total GRATUIDAD. Él es fiel siempre. 

Somos nosotros los que nos salimos de la realidad, con nuestra corta inteligencia y errada libertad, para hundirnos en una ineficaz "imaginación idolátrica y milagrera". Por desgracia, inducidos y engañados por la mayoría de "guías clericales". 

El "reza por mí" o "rezo por ti" es absurdo. El Padre nos cuida y arropa, uno por uno, sin pedírselo. El "ayúdame, quiéreme, apóyame", dirigido a tu prójimo, son sabiduría divina y realismo humano. 

¡Cuánta falsedad hemos acumulado en nuestros hábitos piadosos! Y lo triste, tristísimo, es que casi nadie nos saca de nuestro error. Al contrario, nos lo meten por ojos y oídos desde sus ilustrísimas alturas. 

Vivimos tal degradación de la doctrina y el sentido común, que los católicos tenemos que defendernos continuamente del "fuego amigo" que nos confunde, debilita y puede matar. Muchos ya han huido de esa sinrazón actual. 

Y la causa es, ciertamente, la "FALSIFICACIÓN del Dios Único y Verdadero" del que nos hemos distanciado, a pesar de que fluye y habita en nuestro INTERIOR, al que tantos tienen alergia y pocos nos ayudan a vencer la fobia a la inmersión. 

Si no somos capaces de identificar "Quién es Dios y Cómo es Dios", aún con la clara voz de Jesús a la espalda… ¿Cómo vamos a acertar a "relacionarnos con Él"? 

Dios no necesita tus peticiones, te lo ha regalado todo gratis.

Es tu libertad la que necesita conversión y transformación constante para encontrar el camino de tu plenitud humana (eso que llaman "santidad" para asustarte o "heroísmo" para que lo veas imposible). ¡Qué fuera de la REALIDAD humana están nuestros guías talares! ¡Qué destrozo del Evangelio! 

¿Cuánto tardaremos en que esta "inmóvil mole de piedras, monumentos, arte y apariencias" en que se ha convertido nuestra Iglesia siga a Jesús? 

¿Cuándo insistiremos, los de abajo, a nuestros desnortados guías que abandonen la PUBLICIDAD y el MARKETING y se dediquen a "darnos ejemplo y formar conciencias" para que acertemos a navegar por la AUTONOMÍA y LIBERTAD humanas? Solo así seremos capaces de transformarnos y transformar el mundo. 

Lo diré gritando: "Dios, el Abba de Jesús, es pura Gratuidad". Te toca a ti agradecer y discernir el Camino, la Verdad y la Vida reales, con la inmensa LUZ que nos dejó Jesús. 

¿Y tú, católico convencido, qué vas a hacer al respecto? Apedréame si quieres porque no puedes digerir lo que digo y me consideras un hereje… Pero intenta pensar, sumérgete y medita desde lo hondo… Luego hablamos si quieres.



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Si no hay COHERENCIA, no hay VERDAD.

  "No te dejes engañar, sumérgete en la sabiduría de adentro"   Es de noche, el silencio me arropa e ilumina. La visión de mi ...